La de José Sandino es una historia de nubes, basada en la pasión de querer volar por todo el mundo, y transformar su vida, a tal punto que lo dieran por desaparecido.
José Armando pisó por primera vez Valledupar cuando tenía 22 años. Lo hizo de paso y simplemente recuerda que estaba de moda el Hotel Sicarare. Después se desplazó hacia la ciudad de Barranquilla y realizó el curso de aviación en Aerocruz.
En un tiempo determinado se dedicó a volar en aviones de empresas privadas. Luego pasó a prepararse en el instructivo para pilotear aeronaves de fumigación, hecho que lo trajo de vuelta al Cesar; debido a que fue contratado para trabajar en la época de la bonanza algodonera en los municipios de La Jagua de Ibrico, Becerril, y Codazzi, ejercicio en el que estuvo 25 años. “Me casé muy joven, pero no pude convivir con la señora. Yo abrí maletas, estuve en Venezuela, Ecuador, Brasil, y mucho tiempo en los Llanos Orientales”, recuerda.






