El amanecer sosegado, en par de la saliente aurora, con la callada soledad sonora del río Guatapurí, enamoran a Hilder Jesús Cáceres Guevara para convertirse en un profesional.
Regresaron las clases en Valledupar y desde entonces el menor de 14 años, lucha por sus sueños, esos que espera algún día se hagan realidad. Pero, hasta el momento se convierten en vanos. Su aprendizaje de básica primaria lo ‘nutre’ debajo de un larguirucho árbol de almendro, debido a que en la subsede Rafael Castro Trespalacios, adscrita a la Institución Educativa San Joaquín, está sin pupitres y con pocos salones de clases.
Su sonrisa desborda una gracia natural, acompañada de un curioso rasgo que ocasionó un bautizo artístico sus vecinos del barrio El Paraíso: le llaman ‘El Cacique’ porque el parpado de su ojo derecho está caído, así como lo tenía el cantante vallenato, Diomedes Díaz.






