CRÓNICA

Chico Bolaño, sin rumbo fijo

Bolaño fue un músico andariego que nunca dejó de caminar guiado por una incontenible necesidad espiritual de compartir sus saberes y virtudes musicales, sembrando y diseminando sin detenerse, como la misión que recibió de ese folclor que lo consagró y lo ubicó en uno de los sitios más privilegiados de nuestra historia musical.

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Chico Bolaño, sin rumbo fijo

Chico Bolaño, sin rumbo fijo

Por: Julio C.

@el_pilon

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‘Chico’ Bolaño perteneció a la segunda generación de acordeoneros, según la clasificación hecha por Gutiérrez Hinojosa en su obra ‘Cultura vallenata’. Vio sus primeras luces en El Molino (La Guajira), cuando despuntaba el año 1903 y allí permaneció hasta su adolescencia cuando salió a caminar enrumbando hacia la zona bananera, un destino que imantaba a la gente de la provincia, donde todos tenían oportunidades de trabajo, diversión y el encuentro con la modernidad, pues allí estaba el ferrocarril que desde Santa Marta hasta Fundación realizaba su diario recorrido.

Como la gran mayoría de los juglares de su época fue andariego, trashumante y aventurero, quien con un pequeño acordeón en el pecho escudriñó todos los recovecos del Caribe colombiano, llevando las noticias de su comarca en sus esplendidos cantos, acompañados con su nota briosa y florida que lo destacaron entre los de su generación.

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