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Crónica - 13 julio, 2022

Correría de juglares

“Después de una semana alojados en el hotel Cecilia en cercanías del mercado viejo, siguieron hasta Calamar y Chengue”.

Localidad de Tiquisio Nuevo.
Localidad de Tiquisio Nuevo.

Cuando Armando Zabaleta se vino desde Villanueva para Fundación, en 1945, con solo 18 años ya había compuesto los paseos ‘Adiós mi Maye’ y ‘Pajarito’, posteriormente al trasladarse a El Copey fue cuando surgió también el paseo ‘Recuerdos de Emilianito, El Villanuevero’. Allí se conoció con Luis Enrique, quien lo invitó a un festejo de su cumpleaños en Tierra Lejos, la parcela que él tenía en la vía a Bosconia. 

Oportunidad que le permitió a Armando mostrarse en el canto y la composición, virtudes que fueron claves para que Luis Enrique lo invitara a una gira por los pueblos de la ciénaga de Zapayán, con destino final Barranquilla. 

Luis Enrique Martínez.

NACE UNA CANCIÓN

Después de una semana alojados en el hotel Cecilia en cercanías del mercado viejo, siguieron hasta Calamar y Chengue, donde los atendió el compadre Miguel Camacho, un espléndido anfitrión y bebedor a quien Luis Enrique le dedicó el merengue “Compadre Miguel”. 

Compadre vamo a bebe

Mándese la botellita

Que la sed no se mequita

De parrandear con usté

Compae Miguel, vamos a parrandeá

Que no es pecado en la calle tomá

Tómese el trago, compadre Migue

Que no es pecado en la calle beber (bis)

Después que no quedó una sola botella sin destapar de Ron Caña en Chengue, se dirigieron a Bálsamo, uno de los pueblos que más admiró y más aplaudió a Luis Enrique. Cuando se enteraban que él estaba por llegar, sus entusiastas se congregaban a la entrada del poblado a esperarlo y no perder ni un minuto de su compañía. 

TODOS LO QUERÍAN DE HUESPED 

Familias como Los Ariza, Los Camacho y los Palacín, reñían por tenerlo de huésped en su residencia, se lo turnaban y así quedaban todos complacidos. Después de una semana en Bálsamo le llegó un SOS parrandero desde el pueblo de Carreto, donde a ‘Toño’ Muñoz, un veteranazo de las lides etílicas lo destacó con el merengue ‘Que siga el parrandon’ y sellando una franca amistad, bautizándole a Luz Marina, la última travesura marital del bebedor carretano. La letra de la canción es de una gran elocuencia. 

Tengo un amigo que le gusta la parranda

Le gustan los paseos y merengues vallenatos

El está viejo, pero cuando se entusiasma

Va a la cantina y trae dos entre los brazos

Mi compadre dice que bebe pa’ vivir

Y solo con la muerte dejará de beber

Pero no sabemos si en el cielo también

Esta el mismo mundo que tenemos aquí

Si tienen cantinas

Y también venden ron

Será la misma vida

Y que siga el parrandón

La canción prensada en un acetato le hizo perder el norte al viejo ‘Toño’ quien se dedicó por entero al trago, descuidando el trabajo y las vacas que por mancornas fueron a parar a las arcas de la industria licorera del Magdalena. 

El disco que le hizo Luis Enrique acabó con el viejo ‘Toño’ decía la gente del pueblo.

Armando Zabaleta.

OTRA CORRERÍA

Después de 1958 Zabaleta se dedicó al comercio, con mercancías que traía de Maicao y a la compraventa de maíz en El Copey y acentuando su amistad con ‘Chema’, el hermano de Luis Enrique, quien siempre estaba allí, terminó por hacer pareja con él, a través de largos y fructíferos años en campo musical. 

Al salir de Carreto por la vía de San Cayetano llegaron al Canal del Dique y lograron embarcarse en Calamar hacia el Banco, donde lo esperaba María Antonia Curvelo, una exuberante morena de buena talla que negociaba con esteras y hamacas y después de mecerse con ella varias lujuriosas noches, se fue con sus compañeros, Zabaleta y su hermano “El negro” que iba de guitarrista a bordo de una lancha hacia la región del Sudan, en el sur de Bolívar, donde sabían que estaban en cosecha de arroz y la plata había que buscarla.

EN TIERRA AJENA

No conocían el terreno, ni la gente de esa región, pero fieles a su espíritu aventurero y contando en la buena suerte, trataron de llegar a Tiquisio Nuevo, donde había fiesta a la altura de Colorao, un pueblecito a orillas del caño de Los Patos; la lancha se varó y el río Magdalena al subir de nivel sus aguas bañaron el cauce del caño quedando sin poder salir a merced de Dios y de la plaga. 

Fueron ocho días de suplicio a punta de arroz y pescao salpreso pues con la creciente no había fresco, pero la peor catástrofe para ellos fue que se acabó el ron en el caserío y ni señales de las lanchas que lo traían desde El Banco. 

ZANCUDOS AL ATAQUE

Los momentos críticos se presentaban al morir la tarde cuando los zancudos comenzaban su perversa jornada cotidiana. Los moradores quemaban cascarilla de arroz para ahuyentarlos con el humo y Luis Enrique con un costal vacío batiéndolo hacia los lados les daba la pelea, afortunadamente con la noche se aplacaban. 

Tras una semana de suplicio lograron convencer a un pescador para que a remo limpio los arrimara atrevidamente hasta Tiquisio Nuevo. 

La fiesta ya había terminado pero la llegada de un músico era motivo para repetirla y solo días después de ajetreo parrandero no quedó una sola gota de licor en el lugar, sumiéndolos de nuevo en la agonía.

UNA SALIDA

Luis Enrique andaba por las goteras del pueblo correteando una dama volantona y hasta donde José Meza, el anfitrión del grupo llegó un fulano ofreciendo doscientos pesos para ir a tocar un cumpleaños en un recoveco de la ciénaga del Sudan, Zabaleta arregló el toque con cierto temor al considerar que los honorarios eran bajos para Luis Enrique, pero cuando este llegó al enterarse que solo les pagarían doscientos pesos por el toque entusiasmado exclamó: Hasta de gratis le toco yo al tipo ese con tal de que nos saque de aquí. Después del compromiso la creciente bajó y pudieron salir con el juramento que jamás volverían por esos laberintos y a fe que lo cumplieron.

POR JULIO OÑATE MARTÍNEZ/ESPECIAL PARA EL PILÓN