A orillas del Guatapurí, Camilo Ochoa Montero bailó un bullerengue tras recibir su nueva cédula. No era solo un plástico recién emitido: era el primer documento en Valledupar donde el componente sexo ya no dice “M” ni “F”, sino “NB”, no binario, y esa sigla condensa años de silencios, presiones y resistencias en una ciudad donde todavía pesa la figura del “hombre guajiro macho”.
Cami no solo rompe esquemas en la Registraduría de Valledupar. Es artista escénica, cuenta historias con el cuerpo y la palabra, y desde el barrio ha impulsado procesos comunitarios como la Fundación Niños de mi Patio, un espacio para que niñas, niños y jóvenes encuentren en el arte y el juego otras formas de mirar su entorno. Bailar ha sido su gran compañía durante toda la vida y recientemente protagonizó el video musical de “No le copio a nadie”, de Martina La Peligrosa, una pieza que honra la libertad y la diversidad desde ritmos afrocaribeños. En la pantalla, en los escenarios y en las calles de Valledupar, Cami aparece como lo que es: un ser humano integral, que construye sociedad mientras defiende el derecho de cada quien a vivir sin copiarle a nadie.
“Una cédula luchada”: costos, trámite y desinformación
—A mí sí me tocó pagar —dice Cami, sin rodeos—. Me tocó pagar un monto porque esto hasta hace una semana era algo totalmente pago. De hecho, cosas de la vida, el día que yo voy a buscar mi cédula es el día que sale la noticia oficial de que ya es gratis. Yo recibí el mensaje el miércoles de que tenía que ir a buscar mi cédula, ese día empezó a salir la noticia, pero todos los medios la publicaron el viernes. Ahora ya es un trámite gratuito para todas las personas.






