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Adiós a un gran maestro de la radio cesarense

Una voz que nunca muere Producto de un paro respiratorio, murió en una clínica de Cartagena el reconocido locutor Régulo Pineda Dávila, quien durante treinta años prestó sus servicios a Radio Guatapurí, la emisora más tradicional de Valledupar. Diariamente, los vallenatos recuerdan y recordarán por siempre a Régulo Pineda, cuando en su voz escuchan por […]

Adiós a un gran maestro de la radio cesarense

Adiós a un gran maestro de la radio cesarense

Por:

@el_pilon

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Una voz que nunca muere

Producto de un paro respiratorio, murió en una clínica de Cartagena el reconocido locutor Régulo Pineda Dávila, quien durante treinta años prestó sus servicios a Radio Guatapurí, la emisora más tradicional de Valledupar.
Diariamente, los vallenatos recuerdan y recordarán por siempre a Régulo Pineda, cuando en su voz escuchan por Radio Guatapurí: “Doce en punto… medio día… el Ángel del señor anunció a María y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo… Dios te salve María…”, el Ángelus, que grabó en el año 1965 y hoy sigue vigente en la emisora.
Régulo Pineda Dávila, considerado como una de las mejores voces de la radio cesarense, es recordado por sus familiares, amigos y compañeros, como una persona sencilla, amable, cordial, amigo de sus amigos, parrandero, “mamagallista” y un gran compañero, a quien le gustaban las cosas bien hechas.
Régulo fue uno de los gestores de Radio Guatapurí, en compañía de su hermano Manuel Pineda Bastidas, por ello le dedicó gran parte de su vida a esta estación radial que se ha convertido en pionera de la radio cesarense y escuela de muchos locutores y periodistas de la región y otras ciudades. Era precisamente Régulo el encargado de escoger y darles el visto bueno a los locutores y periodistas que entraban a Radio Guatapurí.
En su época moza, Régulo era lector exclusivo de los comerciales del noticiero La Tribuna del Cesar, y dirigió por muchos años los programas ‘Sobremesa’, que se emitía en horas del medio día, y ‘Boleros, solamente boleros’ que sí gustan en horas de la noche. También trajo a Valledupar a grandes locutores como Luis Alberto Colinas, Andrés Salcedo González, Alfonso Ávila Román, entre otros, y le dio la oportunidad a Edberto Gutiérrez Acosta, locutor vallenato a quien consideraba el mejor lector de noticias que ha pasado por Radio Guatapurí.

La serpiente emplumada

En el medio radial, Régulo Pineda Dávila fue un hombre de muchas anécdotas. Una de esas tantas anécdotas le dio el apodo de ‘la serpiente emplumada’, remoquete que le pusieron sus compañeros por un episodio que sucedió el reconocido Bar Águila, donde Régulo se encontraba departiendo con sus amigos y de repente comenzó a salir candela y el establecimiento se incineró totalmente. Los compañeros salieron corriendo y se olvidaron de Régulo, quien por su discapacidad no podía correr. Cuando las llamas fueron controladas, comenzaron a buscar a Régulo porque no aparecía y se imaginaron que se había quemado dentro del Bar, porque encontraron las muletas. Dicen que muchos lo alcanzaron a llorar y cuando fueron a contarle a la esposa lo que había sucedido, se encontraron con la sorpresa de que Régulo estaba durmiendo. Los amigos no se explicaban cómo salió, por eso lo compararon con la serpiente emplumada y le pusieron ese apodo.
Según cuentan sus amigos, Régulo era fácil para perderse, y recuerda José Luis Parada, quien trabajo más de diez años a su lado, que una vez se encontraban parrandeando y en la madrugada le dijo: “Régulo espérame aquí que voy a hacer el noticiero, y cuando regresó, a las ocho de la mañana, ya no estaba, se había ido. “Comenzamos a buscarlo por todas partes y nadie daba razón de él, como a los cinco días apareció en Riohacha, y con todo lo de su discapacidad se vino a parar la carrera a la casa de Julio Díaz, en San Juan, porque sabía que tenía un lío armado con la mujer”.
Esta es una de tantas anécdotas y cuentos que harán que Régulo Pineda Dávila no salga del corazón de sus familiares, amigos y de los vallenatos.
Murió el hombre, pero no la voz… Paz en su tumba.

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