La imagen de la Virgen del Carmen observa en silencio el movimiento del parque del barrio El Carmen, el mismo sector que desde finales de los años cincuenta celebra con eucaristías, procesiones y verbenas a la patrona de los transportadores. En vísperas del 16 de julio, cuando la ciudad se prepara para misas desde las cinco de la mañana y caravanas de carros por las principales calles, una voz resiste a la crisis de fe moderna: la de Anilsa Aldana, coordinadora de pequeñas comunidades y testigo de un favor que le cambió la vida para siempre.
Infancia, hernia y el primer favor
Anilsa no nació en Valledupar: viene del sur del Cesar, de un pueblo llamado Puerto Mosquito, jurisdicción de Gamarra, donde su madre le enseñó a venerar a la Virgen del Carmen desde niña. Tenía apenas 12 años cuando una hernia empezó a marcarle el cuerpo y la preocupación en la casa; su mamá, devota, respondió con lo que sabía hacer: novena, oración y súplica intensa a la Virgen.
En medio de aquella novena, la madre de Anilsa sintió que la Virgen le daba una promesa: en poco tiempo, la hernia desaparecería. El médico confirmó lo inesperado: “usted no tiene hernia”, y desde entonces la familia vinculó ese diagnóstico a la intervención de la Virgen del Carmen, sellando una relación de confianza que Anilsa no ha quebrado con los años.






