Si el hacinamiento en las cárceles en la actualidad es demasiado, que decir de las estaciones de policía en el país, las cuales se han convertido en “cárceles permanentes”, cuando están determinadas para detenciones temporales por cometer contravenciones no por delitos. Enorme contradicción encontramos aquí.
Lo que sucede en Colombia es que no existen suficientes y adecuadas cárceles para albergar a tantos sindicados y condenados. En sí, vemos centros de reclusión que fueron construidos hace más de cincuenta o más años a los cuales les realizan pequeñas ampliaciones, continuando con cifras preocupantes de hacinamiento.
Algunos juristas opinan que en Colombia se ejerce un sistema judicial que solo criminaliza y para todo delito que se cometa debe ir a la cárcel; otros creen que se debe dar otra oportunidad a ése individuo, pero no, aun así no se presenta un cambio resocializador. Aquí, los jueces de la República optan por una libertad restrictiva, domiciliaria, que no se respeta, pareciera que fuera más calle por cárcel. El individuo sigue delinquiendo; nada ni nadie los persuade, cuando la Ley es muy clara que cuando sucede esta situación, debe ser revocada la medida y enviado a un centro de reclusión; el caso es que cuando se le va a capturar no se encuentra en la residencia donde debería permanecer, oportunidad no aprovechada.






