Brandon Cáceres salió a trabajar el domingo en la mañana como cualquier día. No llegó a casa. Una guaya metálica suspendida a baja altura sobre la avenida de los 450 Años lo impactó a la altura del cuello y le arrebató la vida de manera casi inmediata. Una tragedia anunciada, dicen quienes la noche anterior habían cerrado esa misma vía precisamente para evitar lo que finalmente ocurrió, ante la ausencia de la empresa de energía.
No fue el primer vallenato que muere así en lo que va del año. En mayo, Juan Camilo Ayala Camargo, de 17 años de edad, conducía su moto por la carrera 23 frente al estadio de softbol cuando intentó esquivar un hueco en el pavimento. Perdió el control, chocó contra un árbol y murió. Llevaba a su hermana y a su novia a casa, luego de un almuerzo del Día de las Madres. Dos familias destrozadas en menos de un mes, por las mismas razones: vías en mal estado y ausencia de responsables.
Días antes de la muerte de Brandon, Fenalco y la Intergremial del Cesar convocaron a las empresas prestadoras de servicios públicos del municipio a una mesa de diálogo. Asistieron Afinia, Emdupar, Aseo del Norte, Limpieza Urbana, Gases del Caribe y Claro; esta última, la única empresa de comunicaciones presente y, además, la más puntual. La dinámica cambió desde el inicio: en lugar de que las empresas expusieran sus avances, fueron los representantes gremiales quienes pusieron sobre la mesa la realidad que vive la ciudad.






