Fueron múltiples los intentos del actual gobierno de promover la convocatoria de una asamblea nacional constituyente, so pretexto de superar el supuesto “bloqueo institucional”, atribuido al Congreso de la República y a las altas cortes por el hecho de ser deliberantes y ejercer a plenitud sus funciones y competencias. Bien dijo el constitucionalista Mauricio Gaona, cuando en respuesta al alegato del gobierno afirmó que “eso que llaman bloqueo institucional es el ejercicio de la oposición y de la separación de poderes”, esto es, al sistema de frenos y contrapesos, evitando la concentración de poder en el ejecutivo.
La convocatoria de la asamblea nacional constituyente ha sido y sigue siendo la bandera del partido de gobierno, El Pacto Histórico, y desde luego de su candidato a la presidencia, Iván Cepeda, así este tácticamente la condicionara al Acuerdo Nacional que le sirve de señuelo para atraer a otros sectores del centro de la política, como ya lo hizo el presidente Gustavo Petro hace cuatro años cuando pasó a la segunda vuelta gracias a este as que sacó de la manga, para después ponerles conejo.
El fantasma de la convocatoria de la asamblea nacional constituyente persiste, como nos lo recordó el 1º de mayo el candidato Cepeda cuando afirmó en la Plaza de Bolívar que “ha llegado el tiempo de ser poder constituyente…ha llegado el tiempo de ser poder constituyente”. A última hora, después del revés de la candidatura de Cepeda en primera vuelta, se hace la añagaza de desistir de su cometido de convocarla, más que como estrategia, como estratagema electoral para embaucar incautos y atraer al esquivo centro político para la segunda vuelta. Lo dijo el presidente Petro: dicha convocatoria se “suspende”, no se descarta.






