Aunque todos los años Paulina Barrios esperaba con ansias el Domingo de Ramos para llevar ramas de olivo o de palma y que estas fueran bendecidas por el sacerdote de su iglesia más cercana, que posteriormente guardaría en un lugar estratégico de la casa, y así iniciar formalmente la Semana Santa, este año todo cambió: ayer se vio obligada a celebrar esta fecha al frente de su televisor por la cuarentena decretada para prevenir el Covid-19.
Ella y su familia, con ramas de un árbol de mango que tienen en su patio, se dispusieron a escuchar la misa desde su hogar. Para ellos fue una fecha extraña porque estaban acostumbrados a otra dinámica, alterada por una pandemia que sufre la región, el país y el resto del mundo.
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