En La Guajira se nos ha vuelto costumbre hablar de potencial: potencial turístico, potencial minero-energético, potencial agroindustrial entre muchos otros. Al final, para nosotros, tenemos madera para todo lo que se nos ocurra. Pero el potencial no es un activo; es apenas una hipótesis.
El activo real es la productividad: la capacidad de convertir ese potencial en recursos, talento, inversión, valor agregado, empleo formal y mejores ingresos para la gente. Cuando la productividad no se gerencia, el desarrollo se vuelve un relato que cambia de tono y de vocero, pero no de resultados.
La urgencia de diversificar no es discursiva. La economía departamental sigue altamente expuesta a un solo motor: el sector minero-energético concentra cerca del 98 % del valor exportado. Cuando un territorio depende de un único sector, cualquier choque se vuelve sistémico, y el costo termina pagándose en el empleo, en la inversión y en la vida cotidiana.











