En 1994 Martha Jiménez salió huyendo de una finca en zona rural del municipio de Curumaní, donde trabajaba junto a su compañero sentimental, debido a que la guerrilla lo asesinó y a ella la amenazaran de muerte si se quedaba en ese lugar. Llena de temor se marchó una noche y con una conocida dejó a su pequeño hijo de 8 años, puesto que no quería exponerlo a un futuro incierto que la esperaba.
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Pasaron dos años y regresó a buscar a su primogénito, pero no lo encontró. La señora a quien se lo había entregado para que lo cuidara mientras se ‘calmaban las cosas’ había muerto.











