Hace tres años, Cristian Daniel Sánchez se sentó por primera vez frente a su papá. No lo conocía. No sabía que estaba vivo, y tampoco que había sido guerrillero de las Farc. Un mes antes, un tío le había contado que tenía papá, y que él lo quería conocer.
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El encuentro con su padre fue muy frío, recuerda Cristian: “Solamente dijimos ‘hola’, y duramos casi dos horas sentados en una tienda sin decir nada. Esa noche, en el cuarto del campamento sí hablamos, porque yo le pregunté por mi mamá, y me dijo que había muerto en el parto, y que ella también había pertenecido a las Farc”. Tras su muerte, su padre lo había llevado a Bucaramanga, a la casa donde se crio.











