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Especial - 13 junio, 2022

Catalina y otras conquistas de indias, una leyenda muy roja

“Para las mujeres indígenas, parirle a un español representaba que sus descendientes tuvieran privilegios”.

Monumento de la India Catalina.
Monumento de la India Catalina.

EL ENCUENTRO DE CULTURAS…Y DE CUERPOS

Hace pocos años se divulgó el libro ‘Entre las huellas de la india Catalina’, del médico, compositor y miembro de la Academia de Historia de Cartagena, Hernán Urbina Joiro. 

La historia de la india Catalina nos trae a colación otras similares que desnudan la “leyenda roja” de la conquista del territorio que los europeos llamaron inicialmente Indias. 

Unas hordas de marinos agobiados por largos viajes, luengos periodos de abstinencia que recargaban de apetito sexual sus cuerpos, de pronto se ven en unas playas, con cientos de mujeres desnudas y sin estrenar pudor. Quedan deslumbrados ante tanta hermosura e inocente impudicia.   

La ofensiva sexual de estos rudos hombres contra las mujeres indígenas fue bestial. 

El historiador argentino Ricardo Herrén cita que, durante la conquista de Chile, las huestes españolas al mando de Álvaro de Luna –apenas cien hombres– desarrollaron tal actividad sexual con mujeres aborígenes que, en su campamento, “hubo semanas que parieron sesenta indias de las que estaban al servicio de los soldados”. 

El presbítero Francisco González Paniagua, en Asunción del Paraguay, denunciaba en 1545 que: “el español que está contento con cuatro indias es porque no puede haber ocho, y el que con ocho porque no puede haber dieciséis (…) no hay quien baje de cinco y de seis mancebas indígenas”. 

UN REGALITO PARA USTED

En muchas ocasiones, fueron los jefes indígenas, quienes, para complacer a los intrusos armados, regalaron a sus mujeres como “obsequios” y muestra amistosa. 

En otras, simplemente las mujeres se sintieron seducidas por esos hombres altos, fornidos y libidinosos. Hubo casos de raptos como el de Catalina quien fue raptada de Zamba (hoy Galerazamba), por Diego de Nicueza, quien había llegado al Caribe colombiano en 1509, cuando ella solo tenía 14 años. La esclavizaron y la enviaron a Santo Domingo. Cuando regresó, ya vestía a la usanza española, se convirtió al catolicismo. De la tribu llamada Gaira, donde llegó antes de 1525, fue sacada por Pedro de Heredia y trasladada a Cartagena, donde la hizo su mujer. 

Alonso de Ojeda.

La historia, contada por los vencedores, no está exenta de estigmas machistas. Para el cronista español Fernández de Oviedo, las mujeres indígenas tainas eran: las “mayores bellacas e más deshonestas y libidinosas mujeres que se han visto en estas Indias”. 

También el escribano Pedro Hernández desnuda sus prejuicios: “Por lo demás, las mujeres guaraníes de costumbre no son escasas de sus personas. (…) Y tienen por gran afrenta negarlo a nadie que lo pida, y dicen que ¿para qué se los dieron (los genitales) sino para aquello?”.

LAS INDIAS CONQUISTADAS 

Para las mujeres indígenas, parirle a un español representaba que sus descendientes tuvieran privilegios. Por ejemplo, el hijo de Marina o ‘La Malinche’ con Hernán Cortés, Martín, fue el primer mestizo de relevancia histórica y ocupó cargos en el gobierno.  

Hernán Cortés.

La madre vendió a Marina como esclava, y se hizo intérprete en varias lenguas, persona de confianza y mujer del explorador español que arrasó a los aztecas: Hernán Cortés.  

Pero anterior a La Malinche y Catalina, en 1496, la cacica Osema, una bella y poderosa jefa indígena, acogió, le dio la ruta del oro y se rindió a sus brazos del español Miguel Díaz de la tripulación de Bartolomé Colón. 

Pedro de Heredia.

Tuvo con él dos hijos, los primeros mestizos legitimados en América. 

Como las anteriores, fue mujer, intérprete y mediadora la princesa Anayansi, a quien su padre, el cacique Carepa la dio a Vasco Núñez de Balboa a cambio de su libertad en la zona a del Darién colombiano.  Francisco Pizarro, conquistador de Perú, en 1513, llegó con sus tropas vencedoras a El Cuzco. Saquearon no solo sus bienes, Pizarro raptó a la princesa Quispe Cusi, hermana de Atahualpa, a quien llamó como Inés.  Ella fue madre de dos hijos del conquistador, fue su fiel y única compañera sentimental en el nuevo reino. 

La Guajira también fue escenario de otra historia de amor entre el blanco conquistador y la india que le sirve en su lucha contra su mismo pueblo. Se trata de Alonso de Ojeda.   Casado con una indígena wayuu llamada Guaricha, pero también con el nombre nativo de Amankay. 

Ojeda le puso el nombre de Isabel, con ella tuvo tres hijos. Isabel fue hallada muerta sobre la tumba de Ojeda en Santo Domingo. 


Para algunos fueron unas   traidoras a sus pueblos; para otros, unas víctimas de un brutal acoso, rapto y sumisión tanto por jefes indígenas como por conquistadores españoles. 

Pero estas mujeres que fueron el punto de partida de lo mestizo que somos, representan también parte de la leyenda roja de la conquista de Indias.

ABEL MEDINA SIERRA/ESPECIAL PARA EL PILÓN