Era la época de la conquista en tierras foráneas y el capitán Hernando de Santana, lo sabía, pues había nacido para ello, a temprana edad desde la marcha de un barco ya había recorrido otras regiones lejanas a la que había llegado ahora; una extensa población indígena bañada en riquezas minerales y naturales de las que otros se habían apoderado.
El poblado vivía rodeado de la etnia Chimila, distribuida en dos grandes comarcas: los Pocabuy y Upar, cuando recibió sorpresivamente a de Santana, quien arribó por órdenes explicitas del virreinato de la corona de España. El país europeo civilizado que soñaba con poseer las riquezas del continente americano.
“Hernando de Santana solo llegó a completar lo que su coterráneo Francisco Salguero había en empezado en 1544, de darle al poblado indígena una identificación como territorio”, dijo el historiador y escritor Álvaro Castro Socarrás.











