Los demonios desadaptados coexisten desde la época de la ‘invasión’ como llama el escritor tolimense William Ospina en su obra ‘Guayacanal’ y otros pensadores latinoamericanos a la barbarie iniciada en 1492; mismos desadaptados víctimas del despojo y explotación documentado en ‘Las Venas abiertas de América Latina’ por el periodista uruguayo Eduardo Galeano y del ‘genocidio’ de los pueblos ancestrales en palabras recientes del activista político vallenato Rodolfo Quintero en el periódico EL PILÓN y en Radio Guatapurí. Esos desadaptados históricos, hoy reclaman reconstruir un proyecto de Estado – Nación en una perspectiva descolonial: con la inclusión de los excluidos, por eso tumban estatuas, desconocen adulaciones y zalamerías de la ‘sociedad vallenata’ que consideran no los representa, pero esta acción ‘vandálica’ de los marginales es solo simbólica, hay otras reclamaciones de fondo que no han sido escuchadas y menos tramitadas para resolver conflictos históricos. Exigen cumplimiento del Estado Social de Derecho.
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Dependiendo del lugar de enunciación, el otro es el salvaje y desalmado: en una época desde la posición dominante se les consideró a los negros traídos del África como mercancía y a los considerados pueblos primitivos que han logrado sobrevivir en armonía hasta la época actual del antropoceno al llamado desarrollo y la modernidad.











