Hacer referencia a la tierra no es lo mismo que hablar sobre el territorio. La primera podríamos relacionarla directamente con la porción de superficie terrestre, con un pedazo de terreno, con un fragmento de un lugar sin ocupación ni uso. Y muchos geógrafos o ecólogos puede que así lo vean.
Sin embargo, desde la antropología del territorio, se lee el territorio como una construcción cultural, como el uso social que las personas hacen de esa tierra, en cuya elaboración conceptual tienen cabida toda las prácticas sociales con su gama de intereses distintos, con percepciones, valoraciones y actitudes territoriales diferentes diría la antropóloga colombiana Beatriz Nates (2009); como vemos, el territorio por sí solo no convoca nada y a nadie, son las relaciones que se establecen entre éste y quienes lo habitan las que hacen que el territorio tenga vida.
El uso social del territorio es pues, el límite entre la tierra y la territorialidad, esto es, las dimensiones de la cultura que pasan por los dominios del territorio: llámese relaciones de parentesco, relaciones políticas, relaciones de alianza, y por supuesto, también relaciones de lucha y de poder.











