Ahora que las autoridades locales hablan con inusitada frecuencia del ecoturismo como elemento estratégico de un futuro deseado o destino inequívoco del departamento del Cesar y de Valledupar, puede ser sensato compartir algunas reflexiones de carácter profiláctico para evitar ser seducidos por propuestas oficiales improvisadas y etéreas.
Dada la riqueza cultural y ecológica, la belleza paisajística del valle del Cesar y las montañas que lo circundan, resulta razonable que se proponga la actividad ecoturística -considerada por el BID como un capítulo importante de la hoy en boga economía Naranja-, como alternativa a la insostenible minería de enclave, la improbable industrialización y la sempiterna crisis de la actividad agropecuaria.
No obstante, materializar esta idea, interesante y atractiva, trasciende al gobernante de turno y demanda la participación activa de toda la sociedad. Requiere el diseño de políticas públicas, el fortalecimiento institucional, programas de cultura ciudadana y sobretodo contar con una infraestructura física y ecológica que la haga viable. Una tarea gigantesca pero no imposible que el sector público debe asumir en alianza con empresarios y comunidades, a través de una coordinación estratégica ardua y compleja.











