El 27 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales. Según las distintas encuestas, habrá segunda vuelta. Duque y Petro son los favoritos para disputar esa fase definitiva. Por supuesto, será un enfrentamiento fulminante entre dos extremos políticos: Derecha vs. Izquierda. Desde ahora se vislumbra un panorama agobiante: la polarización se profundizará, los estigmas terminarán de deshumanizar el debate democrático y el miedo se afianzará como el argumento más poderoso.
Duque, llevado de la mano por Uribe, su mentor, aglutinaría a la elite política y empresarial del país. Petro, a pesar de su soberbia, consolidaría a su alrededor a los diferentes sectores alternativos: a los Verdes, al Polo y a una fracción del Partido Liberal que apoya con ahínco el proceso de paz. En ese último tramo hacia la Casa de Nariño, Duque tendría cierta ventaja sobre Petro porque contaría con el auspicio casi absoluto de aquellos que siempre han manejado el poder burocrático, electoral y económico en Colombia.
Para equilibrar la balanza en la segunda vuelta, Petro tendría que matizar su discurso de confrontación social, aproximarse al sector empresarial con un mensaje de tranquilidad y despegarse de su actitud mesiánica, caudillista: la democracia no exige redentores, sino que necesita ciudadanos responsables. El fervor popular que Petro ha inspirado, resultaría insuficiente para llegar a la presidencia. Si él de verdad quiere derrotar al discípulo de Uribe, tiene que liderar una concertación política que incluya a un sector progresista de la derecha y a algunos empresarios.











