“El acordeón llegó a nuestra tierra para salvarnos de todo”. “Es de los pocos invasores, que no nos ha hecho daño”.
Esas sentencias, son las que a lo largo del tiempo han repetido los que tomaron esas músicas hechas por quienes llevaron la cruz, que sin lugar a dudas son pocos reconocidos e invisibles en muchas formas. Sin embargo, la labor de los acordeoneros en cada uno de sus tiempos, permite la permanencia de una música que se la jugado toda, en manos de sus divulgadores, cuyas transformaciones son evidentes, en donde está demostrado que “creación y mercadeo” han estado unidos, desde su nacimiento.
De todas esas músicas, regadas en el territorio del Magdalena Grande, dividido luego, por las pujas políticas y las ganas independentistas que ha tenido la gente nuestra, producto muchas veces de la falta de Estado, llevaron a que ese vasto territorio terminara en lo que hoy es, tres departamentos, el Magdalena, La Guajira y el Cesar, unidos por la magia de la música vallenata.











