De tantos viajes que he realizado a Barranquilla desde Valledupar, no había tenido la inquietud de escudriñar las obras arquitectónicas de Ciénaga, un municipio situado a la orilla del mar Caribe, comunicado a través de una congestionada vía. Debido a diversas circunstancias, el desarrollo comercial no ha respondido al crecimiento que han tenido otras ciudades de la Costa Atlántica, esta situación ha sido determinante para que los viajeros no visiten con regularidad esta ciudad, donde se encuentran hermosos e impresionantes tesoros construidos en los años de la gran bonanza bananera.
No es usual para el que transita por la Troncal, hacia un destino específico, conocer esa desconcertante ciudad que en 1918 era considerada como una de las tres ciudades más importante de la Costa Atlántica, donde los cienagueros, italianos, inmigrantes árabes, sefarditas y de otras nacionalidades, allí residenciados, conformaron una identidad triétnica y convirtieron al municipio en un gran centro comercial regional con los ingresos del cultivo del banano que se inició en 1883 y cuyas primeras exportaciones se llevaron a cabo con la producción del distrito Rio Frío, situado a pocos kilómetros de Ciénaga.
Al consolidarse la organización del cultivo y el transporte a través del tren al puerto, por la United Fruit Company en 1901, los agricultores, dueños de tierra y trabajadores que intervinieron en el proceso, lograron ingresos superiores en los años comprendidos entre 1910 y 1925, fechas memorables en las cuales se consolidó el proyecto.











