Para Carolina* de 28 años de edad, la vida no ha sido fácil. Esta joven desde hace cinco años decidió estudiar Economía en una universidad de Valledupar y optó por alternar el estudio con el trabajo, lo que significó que durante el día laborara y después de las 6:00 p.m. tomará la mayoría de las clases.
Todo le funcionaba bien, pero en la universidad, donde menos lo esperaba, encontró un problema que le iba a representar un gran tormento. Le asignaron docente de aproximadamente 49 años de edad, que acostumbraba a invitar a salir a las estudiantes y García no fue la excepción; durante un semestre, dos horas dos veces a la semana, tenía clases con el docente que insistentemente la invitaba a salir, por lo que ella se sentía acosada.
Por diferentes factores le empezó a ir mal en esa asignatura y el profesor resolvió proponerle aceptar una invitación para poder aprobarla. García resolvió que preferiría perder la materia que salir con él. Sin embargo, la joven al darle a conocer que tenía personas conocidas en la Rama Judicial, ante quienes podía denunciarlo por acoso, el docente dejó de molestarla.











