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Columnista - 2 marzo, 2010

Voto de opinión… Voto decente

BITÁCORA Por: Oscar Ariza Daza En hora buena la situación política del Cesar comienza a mostrar un horizonte claro. Por fin, parece que mucha gente inicia el despertar del marasmo en que se encontraba, para emprender el tránsito hacia una postura ética que permita generar un compromiso serio con el progreso. Los nuevos políticos sin […]

BITÁCORA

Por: Oscar Ariza Daza
En hora buena la situación política del Cesar comienza a mostrar un horizonte claro. Por fin, parece que mucha gente inicia el despertar del marasmo en que se encontraba, para emprender el tránsito hacia una postura ética que permita generar un compromiso serio con el progreso.
Los nuevos políticos sin ataduras al pasado negro del Cesar, permiten pensar  que nuestra sociedad tiene los elementos de juicio suficientes para elegir al candidato más apropiado, que represente los intereses del Cesar en el Congreso de la República, con plena garantía de que los factores de corrupción no primarán sobre las necesidades de la población.
Nos falta  creer de nuevo en la figura política de  candidatos en quienes podamos  volver a confiar para desdibujar esas épocas de antiguos congresistas señalados, que aunque intentan persistir en el tiempo, no dejan de amenazar los intereses de la gente honesta que quiere elegir a hombres y mujeres capacitados en lo ético y en lo profesional para que puedan representarlos.
No podemos  aceptar que se repitan los mismos esquemas de cada cuatro años, en los que los delfines políticos del Cesar, a pesar de los errores de antaño insisten en que los espacios sigan siendo para las mismas familias que históricamente han representado al departamento y que hoy apelando a una herencia política que no es, ni puede ser endosable, pretendan cubrirse, más con la sombra de familiares o apellidos, que con propuestas serias y de dimensión nacional. Ello pone en sospecha la verdadera vocación política de servicio que profesan, pues no se detecta en sus discursos otra cosa distinta a la ambición de mantener una línea de poder.
La estela dejada por los embaucadores de ilusiones del pasado sigue su dinámica de la perversidad y en lugar de disminuir los candidatos encantadores de serpientes, brotan otros de esos centros de entrenamiento disfrazados de clubes, desde donde se tejen las más inverosímiles propuestas y amarres políticos, mediados por la excentricidad del dinero.
No obstante de existir por doquier politiqueros devoradores de votos y con ellos de la fe de un pueblo, surgen también propuestas nuevas, que aunque populares, no ciegas, dotadas de conciencia social; masas  honestas y decentes, cargadas de un poder de credibilidad que se constituye en el principal activo para aspirar a cambiar esta dinámica de exclusión a que nos intentan de nuevo someter. A esas propuestas debemos apostar para mostrarle al país que hemos iniciado el tránsito hacia una etapa moderna de la política, vehiculada por el voto de opinión.
Es imperativo rodear y acompañar a estos nuevos políticos honestos que auténticamente representan la idoneidad del pueblo, porque nacieron y padecieron en sus entrañas el olvido de la desgastada clase politiquera, porque conocen los males que  la aquejan.  Profesionales capacitados, con una visión moderna del Cesar que a pesar de estar preparados en lo ético y lo público se han querido descalificar sus aspiraciones por su origen popular, creyendo que quienes vienen de clases medias no pueden enfrentar el reto de demostrar que no están contaminados por la ambición hacia los valores de cambio.
Hay que insistir en trabajar por la dignidad y la recuperación del  departamento que hoy necesita la decisión de todos para que no vengan aquellos, los de siempre, junto con los de afuera, a engañarnos con las promesas de otros tiempos. Sólo con el voto de opinión, la decisión y la fortaleza que caracteriza a los cesarenses y gente de otras latitudes que se sienten hijos de esta tierra, haremos un trabajo conjunto para rescatar la decencia del Cesar.
Es tiempo de convencerse  de la necesidad de instaurar un nuevo orden, en donde prime la honestidad, el respeto por la otredad, el derecho a disentir sin ser estigmatizados; una nueva sociedad con valores auténticos, alejados de la ambición de poder que tanto perjuicio le ha traído al Cesar. Es hora de dar paso a nuevas figuras para mostrar que los jóvenes profesionales tienen propuestas sólidas, amparadas en la preparación y la honestidad y no en delfinatos asegurados antes de nacer, que amenazan con otra maratón de caballos desbocados en la que los Jinetes del apocalipsis terminan disfrazándose de salvadores del Cesar.
[email protected]

Columnista
2 marzo, 2010

Voto de opinión… Voto decente

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Oscar Ariza Daza

BITÁCORA Por: Oscar Ariza Daza En hora buena la situación política del Cesar comienza a mostrar un horizonte claro. Por fin, parece que mucha gente inicia el despertar del marasmo en que se encontraba, para emprender el tránsito hacia una postura ética que permita generar un compromiso serio con el progreso. Los nuevos políticos sin […]


BITÁCORA

Por: Oscar Ariza Daza
En hora buena la situación política del Cesar comienza a mostrar un horizonte claro. Por fin, parece que mucha gente inicia el despertar del marasmo en que se encontraba, para emprender el tránsito hacia una postura ética que permita generar un compromiso serio con el progreso.
Los nuevos políticos sin ataduras al pasado negro del Cesar, permiten pensar  que nuestra sociedad tiene los elementos de juicio suficientes para elegir al candidato más apropiado, que represente los intereses del Cesar en el Congreso de la República, con plena garantía de que los factores de corrupción no primarán sobre las necesidades de la población.
Nos falta  creer de nuevo en la figura política de  candidatos en quienes podamos  volver a confiar para desdibujar esas épocas de antiguos congresistas señalados, que aunque intentan persistir en el tiempo, no dejan de amenazar los intereses de la gente honesta que quiere elegir a hombres y mujeres capacitados en lo ético y en lo profesional para que puedan representarlos.
No podemos  aceptar que se repitan los mismos esquemas de cada cuatro años, en los que los delfines políticos del Cesar, a pesar de los errores de antaño insisten en que los espacios sigan siendo para las mismas familias que históricamente han representado al departamento y que hoy apelando a una herencia política que no es, ni puede ser endosable, pretendan cubrirse, más con la sombra de familiares o apellidos, que con propuestas serias y de dimensión nacional. Ello pone en sospecha la verdadera vocación política de servicio que profesan, pues no se detecta en sus discursos otra cosa distinta a la ambición de mantener una línea de poder.
La estela dejada por los embaucadores de ilusiones del pasado sigue su dinámica de la perversidad y en lugar de disminuir los candidatos encantadores de serpientes, brotan otros de esos centros de entrenamiento disfrazados de clubes, desde donde se tejen las más inverosímiles propuestas y amarres políticos, mediados por la excentricidad del dinero.
No obstante de existir por doquier politiqueros devoradores de votos y con ellos de la fe de un pueblo, surgen también propuestas nuevas, que aunque populares, no ciegas, dotadas de conciencia social; masas  honestas y decentes, cargadas de un poder de credibilidad que se constituye en el principal activo para aspirar a cambiar esta dinámica de exclusión a que nos intentan de nuevo someter. A esas propuestas debemos apostar para mostrarle al país que hemos iniciado el tránsito hacia una etapa moderna de la política, vehiculada por el voto de opinión.
Es imperativo rodear y acompañar a estos nuevos políticos honestos que auténticamente representan la idoneidad del pueblo, porque nacieron y padecieron en sus entrañas el olvido de la desgastada clase politiquera, porque conocen los males que  la aquejan.  Profesionales capacitados, con una visión moderna del Cesar que a pesar de estar preparados en lo ético y lo público se han querido descalificar sus aspiraciones por su origen popular, creyendo que quienes vienen de clases medias no pueden enfrentar el reto de demostrar que no están contaminados por la ambición hacia los valores de cambio.
Hay que insistir en trabajar por la dignidad y la recuperación del  departamento que hoy necesita la decisión de todos para que no vengan aquellos, los de siempre, junto con los de afuera, a engañarnos con las promesas de otros tiempos. Sólo con el voto de opinión, la decisión y la fortaleza que caracteriza a los cesarenses y gente de otras latitudes que se sienten hijos de esta tierra, haremos un trabajo conjunto para rescatar la decencia del Cesar.
Es tiempo de convencerse  de la necesidad de instaurar un nuevo orden, en donde prime la honestidad, el respeto por la otredad, el derecho a disentir sin ser estigmatizados; una nueva sociedad con valores auténticos, alejados de la ambición de poder que tanto perjuicio le ha traído al Cesar. Es hora de dar paso a nuevas figuras para mostrar que los jóvenes profesionales tienen propuestas sólidas, amparadas en la preparación y la honestidad y no en delfinatos asegurados antes de nacer, que amenazan con otra maratón de caballos desbocados en la que los Jinetes del apocalipsis terminan disfrazándose de salvadores del Cesar.
[email protected]