La compositora, cantante y gestora cultural Yolanda Ariño murió en la mañana del lunes 4 de mayo en una clínica de Valledupar, tras varios meses de quebrantos de salud, dejando un vacío en el vallenato femenino y en el folclor de la región. Nacida en Becerril, Cesar, y reconocida como una mujer de larga trayectoria en la música, Ariño acababa de recibir uno de los homenajes más significativos de su carrera al ser exaltada por el Encuentro Vallenato Femenino (EVAFE) como Reina de la Composición 2025.
El vallenato le quedó debiendo en vida a Yolanda Ariño el lugar que merecía su mente y su obra como compositora, en una época en la que era socialmente aceptable que el género estuviera dominado por hombres. Durante décadas, cuando las mujeres eran relegadas al papel de musas, ella fue de las pioneras en usar los cuatro vientos para narrar la experiencia de ser mujer en esta cultura, poniendo en sus letras el peso de las tareas domésticas, las heridas del amor, la dignidad y el orgullo propio.
Su nombre no figuró en la lista de la canción inédita ni en los créditos más visibles, pero muchas de sus canciones abrieron grietas en ese muro, demostrando que la sensibilidad femenina no solo podía habitar el vallenato, sino transformarlo desde adentro. Las exequias se realizarán el 5 de mayo a las 4 p.m. en la Funeraria Recordar Sala número 1.
“Soy una gestora cultural por más de 60 años”
Cuando le pedían que se presentara, Yolanda no dudaba en definirse desde el trabajo acumulado: “Soy una gestora cultural por más de 60 años, porque soy compositora, gestora cultural, creadora de dos festivales que hago durante el año”, decía con la serenidad de quien sabe de dónde viene. No hablaba solo de escenarios y aplausos; detrás de esa frase estaba una vida dedicada a sostener el tejido del folclor desde la composición, la enseñanza y la organización de espacios para los demás.
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Yolanda Felicia Ariño Gámez nació el 10 de septiembre de 1951 en Becerril, y muy pronto encontró en el acordeón el eje de su historia personal. En 1976 dio uno de sus pasos más decisivos al ganar el certamen “Buscando la voz femenina del vallenato”, organizado por Antonio Sagbini, un concurso que abrió una grieta en un panorama casi exclusivamente masculino. “En el año de 1976 gané el festival ‘Buscando la voz femenina del vallenato’… fui la segunda ganadora de ese festival, primer puesto en ese festival”, recordó Ariño.
De festival en festival, como cantautora
Desde entonces, su currículo se fue llenando de triunfos lejos de los grandes del Festival de la Leyenda Vallenata. “He ganado títulos en el festival de Turbo, Antioquia; en el festival de Dibulla, La Guajira; en El Paso, Cesar; en el municipio de Pueblo Bello, entre otros, en el Festival de la Jagua de Ibirico, como cantautora, o sea, cantante y compositora de mis canciones”, detallaba con precisión. También participó en muchos festivales como intérprete de obras de otros autores, refrendando esa imagen de presencia constante en el circuito regional, donde su voz se hizo familiar en programas de mano, tarimas y trofeos de pueblo.
Quienes la conocieron desde la organización de eventos valoran su aporte al vallenato. “Fue compositora ganadora de varios festivales, no solamente de EVAFE, sino de varios festivales de Colombia y de la región”, resume Sandra Arregocés, creadora y directora del Encuentro Vallenato Femenino (Evafe), quien la define además como “una señora muy querida” por el festival.
La coronación en EVAFE 2025
En agosto de 2025 llegó uno de los reconocimientos más visibles de su trayectoria: en plena celebración de los diez años del Encuentro Vallenato Femenino, el público la vio subir a la tarima para ser coronada como Reina de la Composición del EVAFE 2025. El encuentro, que en la última década se ha convertido en plataforma para las mujeres del género, la escogió como figura central de un homenaje en vida a las compositoras.
“Siempre nos hemos propuesto hacer homenajes en vida, y la señora Yolanda se merecía haber sido la ganadora del año pasado de ser la reina de la composición”, explicó Arregocés sobre esa decisión. Ese título, que se suma a más de 40 años de trayectoria, la terminó de consagrar como una de las voces mayores del vallenato femenino, justo en un momento en el que nuevas generaciones miran hacia atrás para encontrar sus pioneras.
Maestra y creadora de festivales
Más allá de los concursos, Ariño dejó una huella profunda en la formación de niños y jóvenes. “En este momento me siento muy, muy, muy satisfecha porque estoy formando niños en la parte de las técnicas vocales; soy tutora de la Escuela de Talentos Rafael Escalona y de la Fundación del Festival Vallenato y de la escuela de Andrés ‘El Turco’ Gil”, contó en entrevista a Vallenato de Raíz en el 2024. Esa labor la complementaba con clases en su propia casa: “En mi casa también tengo formación de los instrumentos musicales como piano, guitarra, tambora, acordeón y técnica vocal”.
Su vocación de gestora también se expresó en la creación de escenarios propios. “Tengo dos festivales, soy creadora de dos festivales: uno que se llama ‘Descubriendo estrellas’ para niños y jóvenes, y otro que se llama ‘Años dorados’ para mayores de 50 años en canciones inéditas y cantantes”, explicaba, convencida de que el folclor necesita tarimas tanto para quienes empiezan como para esos mayores que casi siempre quedan relegados. Desde esos espacios, Yolanda abrió micrófonos para generaciones que hoy la despiden como maestra.
Dinastía y grabaciones
El legado de Ariño también se multiplica en su familia. Hermana del recordado intérprete Adalberto Ariño, fue cabeza de una dinastía que se abrió paso como coristas, cantantes y compositoras dentro del vallenato. “Ella, junto con sus sobrinas y con su familia, su hija y su nieta, eran una dinastía reconocida dentro del folclor vallenato como coristas, cantantes y compositoras”, enfatiza Sandra Arregocés al recordar la fuerza de esa cadena femenina sobre el escenario.
Sus hijos e hijas siguieron su camino; entre ellos, el cantante Aris Vargas, a quien impulsó hasta convertirlo en parte de la histórica delegación que llevó el vallenato a la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton. En redes y testimonios también se recuerda a sus hijas e hijos cantantes, como Willian y Natalia Vargas, y a su nieta, quienes continúan su obra desde distintos escenarios, extendiendo la dinastía Ariño más allá de Valledupar y de Colombia.
En su voz y en sus letras creyeron también grandes acordeoneros. “Me han grabado tres canciones, cuatro canciones, incluyendo la de los Músicos Legendarios, porque pertenezco a los Músicos Legendarios. Los acordeoneros que han estado involucrados en mis canciones han sido Emiliano Zuleta, Colacho Mendoza, Óscar Negrete”, relataba Yolanda, antes de mencionar la canción de su autoría que grabó Adalberto Ariño en el CD de Músicos Legendarios ‘Años dorados’.
Entre sus obras se destacan piezas como “Cuadro de recuerdos”, “Alondra herida” y “Traigo folclore”, citadas en reseñas recientes como parte de un repertorio que mezcla memoria, dolor y orgullo por la cultura colombiana.
La voz que incomodó el “machismo folclórico”
En los últimos años, su nombre comenzó a asociarse también con una postura clara frente al lugar de la mujer en el género. Distintos perfiles la retratan como una de las voces que se atrevió a nombrar el “machismo folclórico” y a exigir que los grandes intérpretes incluyeran más composiciones de autoras en sus producciones. Su coronación como compositora 2025 en Evafe se leyó, en ese contexto, como una reivindicación simbólica de décadas de trabajo en un universo que tardó en abrirle espacio.
Al lado de sus trofeos ella emitía una declaración de principios: cada trofeo era la prueba de que una mujer compositora podía disputar —y ganar— en los mismos escenarios donde tradicionalmente se consagraban los hombres.
El adiós
En la etapa final de su vida, Yolanda Ariño enfrentó problemas renales y un deterioro progresivo de salud, de acuerdo con testimonios de allegados y de la organización de Evafe. “Ella tuvo su problema renal y se fue deteriorando”, contó Sandra Arregocés, conmovida por el desenlace de una artista que el festival se había empeñado en homenajear en vida.
Su muerte provocó una ola de mensajes de duelo en medios, redes y espacios del folclor, donde fue recordada como maestra, compositora y guardiana de la tradición vallenata. En esos homenajes se repite la idea de que se va una mujer que convirtió el vallenato en un instrumento para contar la experiencia femenina en el Caribe, pero que deja, en sus canciones, en sus alumnos y en su familia, la certeza de que esa historia ya no tiene marcha atrás.







