Según algunos historiadores, los marineros europeos llegaron a nuestra región con lo que llamaban “el piano de los pobres”: el acordeón, y con él hacían sus celebraciones tocando música extranjera, sin ningún tipo de acompañamiento, y así pasa a las manos de los músicos nuestros. Por mucho tiempo el acordeón anduvo solo sin sistemas de acompañamiento, es obvio que se convirtió en un laboratorio experimental de aprendizaje y adaptación para músicas extranjeras y vernáculas. Siendo esto el origen de las fusiones musicales en nuestro medio, el acordeón asimila y adapta lo que hay en el ambiente musical y lo devuelve con toda su influencia de transformación, revestido de sonoridad en acoplamiento de armonía, melodía y ritmo, sentimiento, pensamientos y acción. Este laboratorio arrojó resultados que seguramente fueron descartados y otros insumos que se quedaron en el gusto popular y la destreza del acordeonista.
Volviendo a los cuatro aires, la puya y el son tienen influencia indígena, pero su configuración es propia del acordeón, el merengue tiene partes percutivas, que son toques del africano, pero la melodía y la armonía son hijas del acordeón, igual que su nombre. El paseo por ser el que mejor se adapta, la guitarra nos remite a España, pero ese paseo de Chico Bolaños, ‘Catalina Daza’, su belleza solo pudo ser elaborada en el acordeón.









