En un almuerzo en casa de una amiga, entre conversaciones y risas, apareció el padre Eider. El sacerdote comenzó a orar por las personas que se encontraban reunidas. Cuando llegó hasta donde estaba Darío Valencia, le puso la mano sobre la cabeza y le dijo algo que el diseñador vallenato, en un principio, recibió con incredulidad.
—El Señor me muestra que estás enfermo.
Darío respondió con una broma.








