“Creo que este tipo de entornos geográficos influyen mucho en esa reflexión filosófica pura”, explica Alfonso Cabanzo, un filósofo del interior que llegó a trabajar a Valledupar como funcionario público y hoy junto a otros filósofos vallenatos están en búsqueda de más pensadores e interesados en abordar las preguntas de nuestra sociedad.
Cabanzo describe a Valledupar como “una ciudad pequeña que propicia la reflexión”, destacando cómo el contacto con la naturaleza y la diversidad cultural influyen en el pensamiento filosófico. Por su trabajo se ha permitido conocer todo el departamento: “Estoy en contacto con comunidades indígenas y afro, lo cual es bastante diferente a lo que estoy acostumbrado”, señala.
“Me sorprendió mucho saber que el fundador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional era de aquí, de Valledupar”, reflexiona Cabanzo sobre el legado de Rafael Carrillo Lúquez. Este descubrimiento lo llevó a investigar más sobre la historia filosófica de la región y a darse cuenta de que, a pesar de la importancia de Carrillo Lúquez, “en la cuna de uno de los fundadores de esta facultad no existía una sola Facultad de Filosofía en las universidades de acá”.









