No paraba de reírse, portaba únicamente un pequeño bóxer (interior) verde sobre su cuerpo; sin zapatos, porque dice gustarle el ‘sentir’ de la tierra, se desplaza por toda la invasión, menos de 40 casas situadas en una sola calle o cuchilla, ese es Brayan, quien con su sonrisa y su rubio cabello entrega un brillo único de inocencia. No lloró, (lo hizo un día que le fueron a tomar fotos), estuvo risueño, su hermana era la compinche, y al mirarse no hicieron más… Mayo en una silla arreglaba el regalo para su hermano, pero la timidez era su mejor compañía.
Brayan y Mayo, dos hermanos que, a pesar de la pobreza en que viven, son inseparables. Por lo menos así se notó en la mañana de ayer, cuando EL PILÓN visitó su vivienda, si de esa manera puede llamarse un cambuche de barro, forrado con plásticos y mallas, y con láminas de zinc, localizado en la invasión Los Ciruelos.
La inocencia se reflejaba a través de sus sonrisas; Mayo no deja de reírse porque a Brayan le tomaban fotos, y le preguntaban qué le pidió al Niño Dios en esta Navidad y de ver cómo los risos de su hermano de 5 años se mueven al ritmo de la brisa de diciembre.






