Publicidad
Categorías
Categorías
Columnista - 14 mayo, 2024

Un Festival Vallenatocon varios lunares

Terminó el 57 Festival Vallenato en Valledupar y quedan los resultados de las competencias y los balances de cada negocio particular. A unos les fue muy bien y a otros muy mal. De todas maneras, hay muchos lunares por extraer y reconformar en esta vitrina internacional que ya es el festival desde hace varios años. […]

Terminó el 57 Festival Vallenato en Valledupar y quedan los resultados de las competencias y los balances de cada negocio particular. A unos les fue muy bien y a otros muy mal.

De todas maneras, hay muchos lunares por extraer y reconformar en esta vitrina internacional que ya es el festival desde hace varios años.

Mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan estuvieron muy arraigados a varios de los certámenes y por eso tienen derecho de opinar no bajo el calor de la lambonería ni mucho menos tapando los lunares negros que seguramente deben solucionar para hacer más grande este evento del acordeón, caja y guacharaca.

Pero comencemos con los multimillonarios pesos que dejan los turistas en Valledupar que canaliza en su mayoría la Fundación en sus presentaciones musicales en el parque. Las ganancias son millonarias, pero nunca se ha sabido porque no lo dicen.

Esta vez a la Fundación le fue muy bien –como siempre-, mientras que otros negocios perdieron millonadas por el tema de los aguaceros y lo cuantioso de las entradas.

Hasta 300 mil pesos costaba una entrada para ver a unos compositores y 400 mil en otros lugares. Una botella de wiski fue inalcanzable y el aguardiente por las nubes. Una cerveza en uno de esos sitios costaba oro y una gaseosa hasta 10 mil. Y la entrada al parque fue cuantiosa, el pobre pueblo nunca podrá entrar al parque.

Pero mientras especulaban con una botella de agua en 15 mil pesos, otros revendían boletas. Los restaurantes y ventas de alimentos también hicieron “barra de jobo”, media carne costaba 40 mil y una carrera de taxi 50 mil pesos.

Las autoridades brillaron por su ausencia en los sitios en donde especulaban con los precios. Una michelada llegó a costar en el Balneario Hurtado, hasta 45 mil pesos.

Los que más sufrieron por los precios fueron los turistas que compraron empanadas a 10 mil pesos y peto a 20 mil el vaso.

Pero mientras mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan caminaban por la asombrosa y onerosa obra del exalcalde Mello Castro en Hurtado, la gente reclamaba mayor presencia de las autoridades en otros sitios de la ciudad. Sin embargo, este año las autoridades mantuvieron un esquema de seguridad muy bueno y preventivo, se felicita a la Policía Nacional.

El lunar más grande que tiene el Festival Vallenato son las competencias de acordeoneros y compositores, ante la improvisación de los jurados y la presunta manipulación de los mismos.

Fue muy objetivo y transparente que los acordeoneros escojan de una balota las canciones a interpretar para acabar con ese vicio de que los conjuntos solo tocaban 3 y 4 temas durante todas las competencias.

En cambio, mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan no están de acuerdo con aquella teoría de algunas personas allegadas al festival quienes sostienen que cualquiera puede ser jurado en las competencias.

Incluso, pomposos abogados y poetas de la ciudad se dan golpes en el pecho alegando que con 15 o 20 años de estar escuchando música vallenata ya se está preparado para ser jurado. Semejante entuerto de estos operadores lo que busca es que el festival siga ahí anquilosado.

Esta vez, como ocurre siempre fueron jurados algunos profesionales que no son músicos ni conocen sobre la música. Eso para el público es un atropello y una barbaridad. Lo mejor sería que al acordeonero lo califique un par.

No basta haber escuchado música vallenata para calificar al conjunto vallenato. Insisto que debes saber de música porque se le daría transparencia al certamen y los competidores se sentirán más seguros de sus habilidades. Hasta la próxima semana. [email protected] @tiochiro.

Por Aquilino Cotes Zuleta

Columnista
14 mayo, 2024

Un Festival Vallenatocon varios lunares

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Aquilino Cotes Zuleta

Terminó el 57 Festival Vallenato en Valledupar y quedan los resultados de las competencias y los balances de cada negocio particular. A unos les fue muy bien y a otros muy mal. De todas maneras, hay muchos lunares por extraer y reconformar en esta vitrina internacional que ya es el festival desde hace varios años. […]


Terminó el 57 Festival Vallenato en Valledupar y quedan los resultados de las competencias y los balances de cada negocio particular. A unos les fue muy bien y a otros muy mal.

De todas maneras, hay muchos lunares por extraer y reconformar en esta vitrina internacional que ya es el festival desde hace varios años.

Mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan estuvieron muy arraigados a varios de los certámenes y por eso tienen derecho de opinar no bajo el calor de la lambonería ni mucho menos tapando los lunares negros que seguramente deben solucionar para hacer más grande este evento del acordeón, caja y guacharaca.

Pero comencemos con los multimillonarios pesos que dejan los turistas en Valledupar que canaliza en su mayoría la Fundación en sus presentaciones musicales en el parque. Las ganancias son millonarias, pero nunca se ha sabido porque no lo dicen.

Esta vez a la Fundación le fue muy bien –como siempre-, mientras que otros negocios perdieron millonadas por el tema de los aguaceros y lo cuantioso de las entradas.

Hasta 300 mil pesos costaba una entrada para ver a unos compositores y 400 mil en otros lugares. Una botella de wiski fue inalcanzable y el aguardiente por las nubes. Una cerveza en uno de esos sitios costaba oro y una gaseosa hasta 10 mil. Y la entrada al parque fue cuantiosa, el pobre pueblo nunca podrá entrar al parque.

Pero mientras especulaban con una botella de agua en 15 mil pesos, otros revendían boletas. Los restaurantes y ventas de alimentos también hicieron “barra de jobo”, media carne costaba 40 mil y una carrera de taxi 50 mil pesos.

Las autoridades brillaron por su ausencia en los sitios en donde especulaban con los precios. Una michelada llegó a costar en el Balneario Hurtado, hasta 45 mil pesos.

Los que más sufrieron por los precios fueron los turistas que compraron empanadas a 10 mil pesos y peto a 20 mil el vaso.

Pero mientras mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan caminaban por la asombrosa y onerosa obra del exalcalde Mello Castro en Hurtado, la gente reclamaba mayor presencia de las autoridades en otros sitios de la ciudad. Sin embargo, este año las autoridades mantuvieron un esquema de seguridad muy bueno y preventivo, se felicita a la Policía Nacional.

El lunar más grande que tiene el Festival Vallenato son las competencias de acordeoneros y compositores, ante la improvisación de los jurados y la presunta manipulación de los mismos.

Fue muy objetivo y transparente que los acordeoneros escojan de una balota las canciones a interpretar para acabar con ese vicio de que los conjuntos solo tocaban 3 y 4 temas durante todas las competencias.

En cambio, mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan no están de acuerdo con aquella teoría de algunas personas allegadas al festival quienes sostienen que cualquiera puede ser jurado en las competencias.

Incluso, pomposos abogados y poetas de la ciudad se dan golpes en el pecho alegando que con 15 o 20 años de estar escuchando música vallenata ya se está preparado para ser jurado. Semejante entuerto de estos operadores lo que busca es que el festival siga ahí anquilosado.

Esta vez, como ocurre siempre fueron jurados algunos profesionales que no son músicos ni conocen sobre la música. Eso para el público es un atropello y una barbaridad. Lo mejor sería que al acordeonero lo califique un par.

No basta haber escuchado música vallenata para calificar al conjunto vallenato. Insisto que debes saber de música porque se le daría transparencia al certamen y los competidores se sentirán más seguros de sus habilidades. Hasta la próxima semana. [email protected] @tiochiro.

Por Aquilino Cotes Zuleta