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General - 8 enero, 2019

Un ejemplo de vida que hoy deja su legado

La discreción, la entrega por servir al otro y los buenos consejos, son hoy el ejemplo que deja Carmen Baute de Cuel, distinguida dama que se entregó a la labor social con las Damas Rosadas.

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Como una mujer luchadora, trabajadora incansable y entregada al servicio por los menos favorecidos, así se recuerda a Carmen Baute de Cuel, distinguida dama de la sociedad vallenata que entregó su vida a la labor social que cumplen las Damas Rosadas.

Durante toda su vida estuvo dedicada a brindar acompañamiento con temas de salud y alimentación a niños en condición de vulnerabilidad que han amparado a través de este grupo de trabajo social.

“Ellas aportaban ciertas cuotas que recogían entre todas para mantener esa labor social”, destacó su hijo, Marvin Cuel Baute. De la misma manera enfatizó en las características de su madre que siempre estuvo dispuesta a ayudar, dar consejos, que no peleaba y a pesar de su poca preparación académica, sacó adelante a su hogar y ayudó en la construcción de un capital importante en comunión con su esposo, el italiano Hermes Cuel Cuel.

Ya menguada por las dolencias que la aquejaban y una fisura que sufrió en el fémur, se había retirado de esta función aunque siguió siendo un ejemplo para la comunidad. Falleció a los 94 años de edad dejando muchas anécdotas entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerla y que reconocen igualmente sus virtudes.

Hoy, en palabras de su hijo, deja el legado de “ser una persona que dialogaba, que no peleaba con nadie, que callaba, muy austera en el hablar y que enseñaba, daba buenos consejos”. Además, un ejemplo de una persona muy correcta, discreta, con mucha organización para administrar el dinero y llena de humildad.

Ahora son sus hijos, quienes a través de lo que vieron, pueden seguir manteniendo vivo la misma actitud servicial de su madre aunque no participen de un grupo como el de las Damas Rosadas, mientras continúan recibiendo, sin esperarlo, la retribución por las obras hecha con pureza y de manera innata.

Daniela Rincones Julio / EL PILÓN
[email protected]

General
8 enero, 2019

Un ejemplo de vida que hoy deja su legado

La discreción, la entrega por servir al otro y los buenos consejos, son hoy el ejemplo que deja Carmen Baute de Cuel, distinguida dama que se entregó a la labor social con las Damas Rosadas.


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Como una mujer luchadora, trabajadora incansable y entregada al servicio por los menos favorecidos, así se recuerda a Carmen Baute de Cuel, distinguida dama de la sociedad vallenata que entregó su vida a la labor social que cumplen las Damas Rosadas.

Durante toda su vida estuvo dedicada a brindar acompañamiento con temas de salud y alimentación a niños en condición de vulnerabilidad que han amparado a través de este grupo de trabajo social.

“Ellas aportaban ciertas cuotas que recogían entre todas para mantener esa labor social”, destacó su hijo, Marvin Cuel Baute. De la misma manera enfatizó en las características de su madre que siempre estuvo dispuesta a ayudar, dar consejos, que no peleaba y a pesar de su poca preparación académica, sacó adelante a su hogar y ayudó en la construcción de un capital importante en comunión con su esposo, el italiano Hermes Cuel Cuel.

Ya menguada por las dolencias que la aquejaban y una fisura que sufrió en el fémur, se había retirado de esta función aunque siguió siendo un ejemplo para la comunidad. Falleció a los 94 años de edad dejando muchas anécdotas entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerla y que reconocen igualmente sus virtudes.

Hoy, en palabras de su hijo, deja el legado de “ser una persona que dialogaba, que no peleaba con nadie, que callaba, muy austera en el hablar y que enseñaba, daba buenos consejos”. Además, un ejemplo de una persona muy correcta, discreta, con mucha organización para administrar el dinero y llena de humildad.

Ahora son sus hijos, quienes a través de lo que vieron, pueden seguir manteniendo vivo la misma actitud servicial de su madre aunque no participen de un grupo como el de las Damas Rosadas, mientras continúan recibiendo, sin esperarlo, la retribución por las obras hecha con pureza y de manera innata.

Daniela Rincones Julio / EL PILÓN
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