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Editorial - 7 junio, 2021

Todos necesitamos un psiquiatra

En estos problemáticos tiempos en que la mente y los pensamientos se alteran, la escritora Najat El Hachm nos dice: “Al psiquiatra se le suele dibujar como un terrible manipulador capaz de controlar la mente de sus pacientes o bien como quien se ocupa de trastornos psíquicos graves. Pocas personas admiten visitar al psiquiatra, no […]

En estos problemáticos tiempos en que la mente y los pensamientos se alteran, la escritora Najat El Hachm nos dice: “Al psiquiatra se le suele dibujar como un terrible manipulador capaz de controlar la mente de sus pacientes o bien como quien se ocupa de trastornos psíquicos graves. Pocas personas admiten visitar al psiquiatra, no sea que se les tome por locos, mientras que ir al psicólogo o al terapeuta parece denotar un malestar menos grave, incluso se puede concebir como un simple apoyo para la tarea de vivir. Nada que ver con perder la cabeza”. (Todos necesitamos un psiquiatra. El País, junio 3, 2021). 

El pasado 14 de enero, conocida la prevención vallenata, dijimos en editorial: “De las cosas positivas que trajo el coronavirus (si algo bueno ha traído semejante tragedia) es que se revelaron aspectos de la sociedad no comprendidos en su real importancia y trascendencia. Es el caso de la salud mental, que salió del clóset, arropada entre tabúes e historias familiares nunca contadas. Ese campo de la medicina estuvo relegado por la sociedad normal y los seres perfectos, paradigmas de un sueño imposible, y los hospitales, clínicas y consultorios solían tenerla en el cuarto de atrás”.

Najat persuade para llegar a consulta con quien es realmente un médico:   “En realidad todo profesional de la salud mental, si es bueno, tiene el mismo objetivo que cualquier otro especialista: aliviar el sufrimiento de sus pacientes, conseguir que recuperen un estado de salud óptimo y, por lo tanto, que puedan vivir la mejor vida posible dentro de sus propias circunstancias. Casi todo el mundo que recela de los psiquiatras es por el hecho de que pueden prescribir medicamentos, como si fuera lo único que hacen. Algo, por otro lado, que no nos haría desconfiar de un cardiólogo, pongamos por caso. Por eso se conciben los psicofármacos y la psicoterapia como opciones opuestas y excluyentes. En realidad no es más grave tomar un antidepresivo que un medicamento para la tensión o la diabetes, pero hay un miedo general a la medicación destinada a restablecer el equilibrio de este órgano tan particular que es el cerebro. Miedo a la dependencia, a los efectos secundarios, a que cambie nuestra personalidad o a que nos anestesiemos con una alegría artificial. ¿Dónde queda mi identidad individual si una diminuta pastillita consigue que pase de ser una pesimista fatalista a una simpática optimista?”.

Concluye: “Hay dolencias imposibles de curar solamente con psicoterapia, hay momentos de crisis que afectan la química de nuestros tejidos, porque, en efecto, la separación entre cuerpo y mente no existe, es una simple organización conceptual para pensarnos mejor. Incluso en situaciones de enorme sufrimiento nos resistimos a ser medicados, algo que nunca haríamos con una pierna rota o una infección (…) Pretender mitigar depresiones graves, ansiedad crónica o estrés severo con mindfulness, yoga o libros de autoayuda es tan peligroso como pretender extirparse el apéndice uno mismo o con la ayuda del curandero del pueblo”.

No debemos temerles a los acreditados profesionales de salud mental.

Editorial
7 junio, 2021

Todos necesitamos un psiquiatra

En estos problemáticos tiempos en que la mente y los pensamientos se alteran, la escritora Najat El Hachm nos dice: “Al psiquiatra se le suele dibujar como un terrible manipulador capaz de controlar la mente de sus pacientes o bien como quien se ocupa de trastornos psíquicos graves. Pocas personas admiten visitar al psiquiatra, no […]


En estos problemáticos tiempos en que la mente y los pensamientos se alteran, la escritora Najat El Hachm nos dice: “Al psiquiatra se le suele dibujar como un terrible manipulador capaz de controlar la mente de sus pacientes o bien como quien se ocupa de trastornos psíquicos graves. Pocas personas admiten visitar al psiquiatra, no sea que se les tome por locos, mientras que ir al psicólogo o al terapeuta parece denotar un malestar menos grave, incluso se puede concebir como un simple apoyo para la tarea de vivir. Nada que ver con perder la cabeza”. (Todos necesitamos un psiquiatra. El País, junio 3, 2021). 

El pasado 14 de enero, conocida la prevención vallenata, dijimos en editorial: “De las cosas positivas que trajo el coronavirus (si algo bueno ha traído semejante tragedia) es que se revelaron aspectos de la sociedad no comprendidos en su real importancia y trascendencia. Es el caso de la salud mental, que salió del clóset, arropada entre tabúes e historias familiares nunca contadas. Ese campo de la medicina estuvo relegado por la sociedad normal y los seres perfectos, paradigmas de un sueño imposible, y los hospitales, clínicas y consultorios solían tenerla en el cuarto de atrás”.

Najat persuade para llegar a consulta con quien es realmente un médico:   “En realidad todo profesional de la salud mental, si es bueno, tiene el mismo objetivo que cualquier otro especialista: aliviar el sufrimiento de sus pacientes, conseguir que recuperen un estado de salud óptimo y, por lo tanto, que puedan vivir la mejor vida posible dentro de sus propias circunstancias. Casi todo el mundo que recela de los psiquiatras es por el hecho de que pueden prescribir medicamentos, como si fuera lo único que hacen. Algo, por otro lado, que no nos haría desconfiar de un cardiólogo, pongamos por caso. Por eso se conciben los psicofármacos y la psicoterapia como opciones opuestas y excluyentes. En realidad no es más grave tomar un antidepresivo que un medicamento para la tensión o la diabetes, pero hay un miedo general a la medicación destinada a restablecer el equilibrio de este órgano tan particular que es el cerebro. Miedo a la dependencia, a los efectos secundarios, a que cambie nuestra personalidad o a que nos anestesiemos con una alegría artificial. ¿Dónde queda mi identidad individual si una diminuta pastillita consigue que pase de ser una pesimista fatalista a una simpática optimista?”.

Concluye: “Hay dolencias imposibles de curar solamente con psicoterapia, hay momentos de crisis que afectan la química de nuestros tejidos, porque, en efecto, la separación entre cuerpo y mente no existe, es una simple organización conceptual para pensarnos mejor. Incluso en situaciones de enorme sufrimiento nos resistimos a ser medicados, algo que nunca haríamos con una pierna rota o una infección (…) Pretender mitigar depresiones graves, ansiedad crónica o estrés severo con mindfulness, yoga o libros de autoayuda es tan peligroso como pretender extirparse el apéndice uno mismo o con la ayuda del curandero del pueblo”.

No debemos temerles a los acreditados profesionales de salud mental.