Algo más llamó su atención: al final de la línea, escrito con tinta de un color diferente, se encontraba una frase totalmente inusual para la temática del cuaderno.
Akene siguió llamándose PAZ, pero ahora entendía que el nombre era una labor diaria: tejer con manos, con palabras y con gestos que cuidan a todos, y una flauta de caña que suena anunciando que la tormenta terminó.