Hannah es una estudiante cualquiera. Últimamente ha tenido demasiados compromisos y varios de estos le han sido imposibles de cumplir. Un día como cualquier otro, abrió su cuaderno para comenzar a resolver los apuntes que había tomado en la clase anterior. Parpadeó varias veces, mirando la hoja frente a ella: todo estaba resuelto y no por ella, a pesar de que era su caligrafía. Se tomó el tiempo de comprobar cada respuesta, solo para darse cuenta de que cada una de las respuestas era completamente correcta. No lo analizó mucho; simplemente lo vio como una ayuda.
—Supongo que ahora cuento con más tiempo, ¿no? —pensó, cerrando el cuaderno con suavidad.
En la tarde siguiente, entró a su habitación sudando, dejó caer su mochila a un lado y se acercó a la mesa con un suspiro.










