En una ciudad donde la tierra casi nunca tiembla, es fácil pensar que el riesgo sísmico es un problema de otras regiones. No lo es del todo. Y hay una segunda amenaza, más silenciosa, que tiene que ver con algo tan cotidiano como el calor con el que fundimos nuestro concreto.
El sismo del pasado 10 de agosto vuelve a poner sobre la mesa la importancia de conocer las condiciones de las edificaciones y de fortalecer la cultura de prevención y seguridad estructural en Colombia.