Piero se emocionó relatando la historia porque pintaba de pies a cabeza a su padre, Lino de Benedictis, y no le fue difícil adaptarle la música.
Gracias a Camilo Namén por enseñar que las paradojas de la vida tienen variados matices. Y al frente, todavía se mira la inmensa ciénaga de Zapatosa, de su tierra Chimichagua, donde muchas veces intentó pescar alegrías, pero se atravesó una que otra tristeza sin lograr opacar sus grandes propósitos.