Para Valledupar, el Lunes Santo de 2026 no solo es una agenda de misas y procesiones, sino la actualización viva de una historia que mezcla Evangelio, tradición española y una de las leyendas más arraigadas del Caribe colombiano, recogida y analizada por el investigador Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa.
“He aquí el hombre”: lo que dice el Evangelio y lo que cree el pueblo
En todo el mundo católico, una imagen de Cristo de pie, coronado de espinas y con las manos atadas, recibe el nombre de Ecce Homo, expresión latina que significa “he aquí el hombre” y que la tradición pone en labios de Poncio Pilato cuando presenta a Jesús azotado ante el pueblo judío durante el juicio.
Tomás Darío Gutiérrez recuerda que, según el Evangelio, Pilato pronuncia esa frase antes de afirmar que no encuentra culpa en el reo, por lo que la escena subraya la inocencia y la dignidad de Jesús aun en medio de la humillación. Desde la teología, esto implica que la imagen del Eccehomo no representa a “un santo aparte”, sino al mismo Hijo de Dios en el momento culminante de su pasión, invitando a contemplar su humanidad herida y su entrega por los demás.
Sin embargo, “según la fantasía típica del pueblo vallenato, nada tiene que ver la imagen con el Hijo de Dios, sino que este es un ‘santo’ cuyo origen mitológico se explica de varias maneras”, escribe Gutiérrez en Valledupar, música de una historia, señalando cómo la piedad popular llegó a separar, en el lenguaje cotidiano, al Jesús del Evangelio de este “Santo Ecce Homo del Valle”. Esa tensión entre el sentido bíblico original y la lectura mitológica local es una de las claves para entender la fuerza y las particularidades de la devoción en el Cesar.
La leyenda del hombre negro de Rincón Hondo
Tomás Darío recoge la versión más difundida de la leyenda: “Apareció, un día cualquiera, un hombre negro procedente de Rincón Hondo, pidió que lo encerraran un determinado número de días con el fin de construir una imagen. Como todo alimento, pidió una provisión de pan y agua”. Cumplido el plazo, el pueblo, impaciente, llamó a la puerta; al no recibir respuesta, la violentó y se encontró con una sorpresa: el extraño visitante había desaparecido y en su lugar estaba la imagen que sería para siempre “el Santo Ecce Homo del Valle”, con el pan y el agua intactos a su lado.
A partir de allí, el prestigio de “santo milagroso” creció tanto que, según Gutiérrez, el Eccehomo llegó a ser “el número uno en la Costa” en cuanto a devoción, al punto de recibir tantas ofrendas que “era necesario un administrador”, personaje que, de acuerdo con la tradición oral, “frecuentemente entró en conflicto con la Iglesia”. La creencia popular atribuye a la imagen propiedades extraordinarias: “el Eccehomo suda copiosamente (‘sudor’ que se seca con paños que luego se utilizan para curar enfermedades), aumenta de peso cuando está disgustado y no desea que lo saquen en procesión, y muchos otros atributos que, como verdades absolutas, nadie osaría discutir con sus fervientes devotos”.
Lo que dice la historia: una talla colonial, no un “misterio sin fecha”
Más allá de la leyenda, Gutiérrez subraya que “la realidad de la imagen ha sido difícil de esclarecer, pero se sabe que data de los tiempos de la Colonia y posiblemente de los primeros años de la ciudad”. Se trata, explica, de “una interesante obra escultórica en madera fina”, cuya fama de milagrosa ya estaba plenamente consolidada a principios del siglo XVIII, pues el historiador José Nicolás de la Rosa la describe como tal hacia 1739. De la Rosa menciona que “estas imágenes, es tradición que vinieron entonces”, refiriéndose alrededor de 1553 a la llegada de imágenes como la Virgen del Rosario por parte de un “P. Palencia”, y hace énfasis en los “milagros” de los santos como estrategia para atraer la censura positiva de la Inquisición y lograr que sus escritos fueran aprobados y publicados.
Así, los estudios indican que el Eccehomo de Valledupar se inscribe en el mismo movimiento que llevó a América otras devociones: imágenes traídas por misioneros desde España, vinculadas a la catequesis colonial y adaptadas luego por la religiosidad popular local. La leyenda del hombre negro de Rincón Hondo, con su carga de misterio y de reivindicación simbólica de las manos negras que tallan lo sagrado, termina de darle un sello propio a la devoción vallenata.
Por qué el Lunes Santo 2026 es central en Valledupar y el Cesar
En Valledupar, el Lunes Santo se ha consolidado como el día del Santo Eccehomo, “el día más respetado por la feligresía católica”, según lo reseñan crónicas regionales. Desde la madrugada, parroquias como la Inmaculada Concepción, la Catedral Eccehomo, San Pablo Apóstol, Santa María Madre y Reina de la Paz y Divino Niño celebran eucaristías, pascuas infantiles, rosarios y confesiones, mientras el Mirador del Ecce Homo ofrece misas, testimonios y muestras culturales.
En la tarde, todo desemboca en la plaza Alfonso López, donde a las 4:00 p.m. se celebrará la Misa de encuentro del Eccehomo con el pueblo –presidida por monseñor Óscar José Vélez Isaza– y a las 5:00 p.m. saldrá la procesión con la imagen del Patrono.
La devoción no se queda en la capital. En Rincón Hondo (Chiriguaná), ligado a la leyenda del tallador, se organizan fiestas y peregrinaciones al Eccehomo durante Semana Santa, y en otros municipios del Cesar la imagen aparece en viacrucis, novenas y actos penitenciales. La figura de un Cristo sufriente que “camina con el pueblo” dialoga con la historia reciente de la región, marcada por conflicto y desigualdad, y explica en parte por qué tantas personas asocian su propia vida con las heridas y la serenidad del rostro del Santo Eccehomo.
Una devoción que recorre el mundo católico
Lo que ocurre el Lunes Santo en Valledupar y en el Cesar se inscribe en una red global de devociones al Ecce Homo. En España, cofradías como las de Zaragoza, Medina del Campo, Valladolid o Bembibre sacan en procesión imágenes de Cristo coronado de espinas durante la Semana Santa, con pasos, túnicas y marchas solemnes que tienen siglos de historia. En Popayán, el “Amo Ecce Homo” es patrono de la ciudad, con fiesta propia y una procesión de subida al Santuario de Belén que forma parte del patrimonio religioso del país. En Boyacá, el convento del Santo Ecce Homo sigue recibiendo peregrinos que buscan silencio y retiro espiritual en un edificio del siglo XVII.
Gutiérrez señala que la fama de “santo milagroso” del Eccehomo vallenato llegó a ser tan grande que competía con otras devociones fuertes de la Costa Caribe, integrándose al mapa nacional de santos populares y imágenes de especial veneración. En todas esas ciudades –españolas y latinoamericanas– se repite la misma base: el recuerdo de Jesús presentado por Pilato, inocente y humillado, que se convierte en espejo del sufrimiento de cada pueblo y en fuente de esperanza para quienes oran ante su imagen.
Orar al Santo Eccehomo hoy: entre mito, historia y compromiso
Entre cantos, poemas y novenas, la oración popular en el Cesar suele invocar al Santo Eccehomo como “Patrono de Valledupar”, “Rey de la paz y el perdón” y “santo de mi devoción”, pidiéndole que “cuides nuestra ciudad” y “nos libres de la violencia y la enfermedad”. Al mismo tiempo, la diócesis y autores como Tomás Darío Gutiérrez insisten en educar la mirada: ayudar a que los fieles pasen de una visión puramente mitológica o mágica del sudor, el peso y los milagros, a una comprensión más profunda del Eccehomo como rostro de Cristo sufriente que llama a la conversión y al compromiso con la justicia.
En este Lunes Santo de 2026, esa pedagogía se juega en la práctica: en la manera como la ciudad participa en las misas, vive la procesión, acoge a peregrinos de otros municipios del Cesar y del país y, sobre todo, traduce su devoción en gestos concretos de reconciliación, solidaridad y cuidado de la vida. Al final, como sugiere Gutiérrez, detrás de la leyenda del hombre de Rincón Hondo, del sudor y de los exvotos, lo que permanece es una pregunta que el mismo Cristo parece devolver a Valledupar cada Lunes Santo: “He aquí el hombre… ¿qué harán ustedes para parecerse más a mí?”.







