Un año después de que un adolescente resultara gravemente herido al caer por un desnivel en el cerro Santo Ecce Homo, las promesas de un mirador seguro e incluyente contrastan con la realidad: adultos mayores como Donatella Flórez, devota de más de 80 años que viajó desde Barranquilla para conocer el lugar, no logran acceder por la falta de rutas amigables y apoyos, mientras deportistas que suben a diario alertan sobre la ausencia de señalización, plan de emergencias y control de riesgos en un recorrido que, aunque atractivo, sigue siendo una “trampa” para la fe y el turismo responsable.
En marzo de 2025, un adolescente de 14 años cayó a un abismo mientras descendía el cerro, en una caminata deportiva con amigos. Según los reportes médicos, sufrió un trauma craneoencefálico moderado a severo y tuvo que ser remitido a la Unidad de Cuidados Intensivos en una clínica de Valledupar, donde permaneció bajo pronóstico reservado.
El caso encendió las alarmas sobre la falta de cerramientos y medidas visibles de protección en zonas de desnivel, justo en un escenario que la propia institucionalidad promovía para el deporte y el senderismo. Ya desde 2024, EL PILÓN venía advertiendo que la construcción representaba un alto riesgo de accidentalidad por carecer de cerramiento adecuado y condiciones de seguridad completas para el flujo de visitantes.










