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Columnista - 27 abril, 2010

Seguridad democrática vs. Legalidad democrática

ESCALPELO Por: Dickson E. Quiroz Torres El tema electoral y las candidaturas presidenciales copan la atención de vallenatos y cesarenses. A decir verdad, todo el país es llevado por esa repentina ola verde que crece día a día; muchos se solazan esperanzados en sus movimientos undívagos, pero otros, cimófobos (temerosos de las olas), no la […]

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ESCALPELO

Por: Dickson E. Quiroz Torres

El tema electoral y las candidaturas presidenciales copan la atención de vallenatos y cesarenses. A decir verdad, todo el país es llevado por esa repentina ola verde que crece día a día; muchos se solazan esperanzados en sus movimientos undívagos, pero otros, cimófobos (temerosos de las olas), no la soportan, preocupándoles el evento de que la ola llegue y se apoltrone en el Palacio de Nariño.

Debate-debate realmente no ha habido, ni siquiera en presencia de dos ejes temáticos antagónicos: la ‘Seguridad Democrática’ vs. la ‘Legalidad Democrática’. El ‘debate’, o más bien el punto de preocupación reflexiva, se presenta en el ciudadano del común, dubitativo respecto a la fortaleza de Mockus para mantener a raya a las Farc, y a Chávez también, por supuesto.

Grande es la sensibilidad del pueblo colombiano contra el grupo terrorista de las Farc y contra todo lo que la convalide, ubicándose en este rango al gobierno actual venezolano. Ese elemento  mediático se ha manejado de modo populista para enfrentar el turbión verde de los girasoles. La culebra está viva, coleando – se pregona – y se necesita de alguien bravucón que le de el golpe de gracia, tarea de matones, no de maestros. (“…no pensemos en pajaritos embarazados, no necesitamos y no tenemos tiempo para volar, no pretendamos llamar la paz como llamamos a nuestras mascotas, con toda la ternura del mundo. Señores, Colombia necesita mano dura…” ¿Será que con Mockus se fortalecerían las Farc?. Guerrero, El Pilón, pg. 8 de IV-24-10; Necesitamos a un ‘Man Templao’, y si es discípulo de Uribe, cuanto mejor: Mendoza Sierra, pg. 10, El Pilón, IV-26-10)

Se ha vendido ese estereotipo de  ‘gobernante-matón’ para contrarrestar el oleaje verde que amenaza la continuidad de un gobierno, no de una política de seguridad democrática que sirios y troyanos  elogian y defienden, incluidos los candidatos presidenciales, muchos de los cuales proponen elevarla a categoría de política de estado.

Es decir, el país está sintonizado con la seguridad democrática y le reconoce a Uribe Vélez, al encauzarla y marcar el ritmo de la presión, la recuperación no sólo de buena parte del territorio en poder de los terroristas, mas también de la confianza ciudadana en sus instituciones. De todos los candidatos, quien más ha mostrado reciedumbre de carácter es Mockus: gobernó a Bogotá sin dejarse doblegar ni por los corruptos ni por los violentos, a los que redujo en la medida de la disminución de la tasa de mortalidad homicida. ¿Más pruebas? ¿Los columnistas Guerrero y Mendoza tendrían los cojones de desnudar sus nalgas en público?

El país debe avanzar y no quedarse atollado en el pantano de los recuerdos. Las Farc están disminuidas y no se les puede dar respiro, ciertamente. La presión ha de mantenérsele para seguir garantizando la seguridad en el campo y la movilización por las carreteras nacionales.

Pero hay que avanzar. La seguridad debe extenderse para las ciudades, para los pueblos irredentos; la seguridad debe ser equidad. Debe ser legalidad. Volvamos a cultivar aquellos paradigmas pervertidos por la guerra. Volvamos a interiorizar lo sagrado que es la vida. Fomentemos la cultura de lo ético y la cohesión social. Interioricemos la cultura de la legalidad, porque es pírrica una victoria alcanzada a merced de la ruptura de los frenos sociales inhibitorios.
Seguramente, la relajación moral que padece Colombia es efecto de la guerra y su cultura depredadora. Aceptémosla en toda su dimensión; sólo así se acertará  en su tratamiento regenerativo y humanizador. No justifiquemos más los falsos positivos, las chuzadas a to’el mundo, la yidispolítica, la violación de la soberanía ajena, los choques de trenes, el enriquecimiento ilícito, la displicencia con la Constitución. Acabemos con la belicosidad y bravuconería. Intentemos reconciliarnos con la ley, las buenas costumbres y con los vecinos, para lo cual no hay porque deponer dignidades y principios.

Todo en su tiempo y en su lugar. La legalidad democrática es el eslabón superior de la seguridad democrática y el cimiento necesario de la prosperidad democrática.

[email protected]

Columnista
27 abril, 2010

Seguridad democrática vs. Legalidad democrática

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Dickson E. Quiroz Torres

ESCALPELO Por: Dickson E. Quiroz Torres El tema electoral y las candidaturas presidenciales copan la atención de vallenatos y cesarenses. A decir verdad, todo el país es llevado por esa repentina ola verde que crece día a día; muchos se solazan esperanzados en sus movimientos undívagos, pero otros, cimófobos (temerosos de las olas), no la […]


ESCALPELO

Por: Dickson E. Quiroz Torres

El tema electoral y las candidaturas presidenciales copan la atención de vallenatos y cesarenses. A decir verdad, todo el país es llevado por esa repentina ola verde que crece día a día; muchos se solazan esperanzados en sus movimientos undívagos, pero otros, cimófobos (temerosos de las olas), no la soportan, preocupándoles el evento de que la ola llegue y se apoltrone en el Palacio de Nariño.

Debate-debate realmente no ha habido, ni siquiera en presencia de dos ejes temáticos antagónicos: la ‘Seguridad Democrática’ vs. la ‘Legalidad Democrática’. El ‘debate’, o más bien el punto de preocupación reflexiva, se presenta en el ciudadano del común, dubitativo respecto a la fortaleza de Mockus para mantener a raya a las Farc, y a Chávez también, por supuesto.

Grande es la sensibilidad del pueblo colombiano contra el grupo terrorista de las Farc y contra todo lo que la convalide, ubicándose en este rango al gobierno actual venezolano. Ese elemento  mediático se ha manejado de modo populista para enfrentar el turbión verde de los girasoles. La culebra está viva, coleando – se pregona – y se necesita de alguien bravucón que le de el golpe de gracia, tarea de matones, no de maestros. (“…no pensemos en pajaritos embarazados, no necesitamos y no tenemos tiempo para volar, no pretendamos llamar la paz como llamamos a nuestras mascotas, con toda la ternura del mundo. Señores, Colombia necesita mano dura…” ¿Será que con Mockus se fortalecerían las Farc?. Guerrero, El Pilón, pg. 8 de IV-24-10; Necesitamos a un ‘Man Templao’, y si es discípulo de Uribe, cuanto mejor: Mendoza Sierra, pg. 10, El Pilón, IV-26-10)

Se ha vendido ese estereotipo de  ‘gobernante-matón’ para contrarrestar el oleaje verde que amenaza la continuidad de un gobierno, no de una política de seguridad democrática que sirios y troyanos  elogian y defienden, incluidos los candidatos presidenciales, muchos de los cuales proponen elevarla a categoría de política de estado.

Es decir, el país está sintonizado con la seguridad democrática y le reconoce a Uribe Vélez, al encauzarla y marcar el ritmo de la presión, la recuperación no sólo de buena parte del territorio en poder de los terroristas, mas también de la confianza ciudadana en sus instituciones. De todos los candidatos, quien más ha mostrado reciedumbre de carácter es Mockus: gobernó a Bogotá sin dejarse doblegar ni por los corruptos ni por los violentos, a los que redujo en la medida de la disminución de la tasa de mortalidad homicida. ¿Más pruebas? ¿Los columnistas Guerrero y Mendoza tendrían los cojones de desnudar sus nalgas en público?

El país debe avanzar y no quedarse atollado en el pantano de los recuerdos. Las Farc están disminuidas y no se les puede dar respiro, ciertamente. La presión ha de mantenérsele para seguir garantizando la seguridad en el campo y la movilización por las carreteras nacionales.

Pero hay que avanzar. La seguridad debe extenderse para las ciudades, para los pueblos irredentos; la seguridad debe ser equidad. Debe ser legalidad. Volvamos a cultivar aquellos paradigmas pervertidos por la guerra. Volvamos a interiorizar lo sagrado que es la vida. Fomentemos la cultura de lo ético y la cohesión social. Interioricemos la cultura de la legalidad, porque es pírrica una victoria alcanzada a merced de la ruptura de los frenos sociales inhibitorios.
Seguramente, la relajación moral que padece Colombia es efecto de la guerra y su cultura depredadora. Aceptémosla en toda su dimensión; sólo así se acertará  en su tratamiento regenerativo y humanizador. No justifiquemos más los falsos positivos, las chuzadas a to’el mundo, la yidispolítica, la violación de la soberanía ajena, los choques de trenes, el enriquecimiento ilícito, la displicencia con la Constitución. Acabemos con la belicosidad y bravuconería. Intentemos reconciliarnos con la ley, las buenas costumbres y con los vecinos, para lo cual no hay porque deponer dignidades y principios.

Todo en su tiempo y en su lugar. La legalidad democrática es el eslabón superior de la seguridad democrática y el cimiento necesario de la prosperidad democrática.

[email protected]