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Columnista - 1 marzo, 2010

Santos, ¿Presidente?

MISCELÁNEA Por: Luis Augusto González Pimienta En la noche del jueves pasado, el telenoticiero CMI que dirige Yamid Amat, se apuntó una chiva: anticipó el fallo de la Corte Constitucional sobre la ley que convoca al referendo reeleccionista. Se dijo que iba a ser declarado inexequible, acorde con la ponencia del magistrado Humberto Sierra Porto, […]

MISCELÁNEA

Por: Luis Augusto González Pimienta

En la noche del jueves pasado, el telenoticiero CMI que dirige Yamid Amat, se apuntó una chiva: anticipó el fallo de la Corte Constitucional sobre la ley que convoca al referendo reeleccionista. Se dijo que iba a ser declarado inexequible, acorde con la ponencia del magistrado Humberto Sierra Porto, en una votación 7 a 2, en la que los magistrados Jorge Pretelt y Mauricio González serían derrotados. Y así fue.

No sorprendió esta decisión. Incluso, se veía venir, por cuanto los errores cometidos en el trámite de la ley no eran cosa de poca monta, como sesgadamente conceptuaron algunos, sino verdaderamente relevantes. Distinguidos juristas apoyaron la tesis de la inexequibilidad con base en el estado social de derecho que sirve de marco a todo el andamiaje constitucional. Quienes pensaron distinto lo hicieron más con el corazón que con la razón.  Ante la inexorable realidad de un estado de derecho se quiso anteponer el llamado estado de opinión, de acuerdo con el cual, la voluntad popular está por encima de toda norma. No. En toda sociedad organizada existen reglas de cuyo cumplimiento o incumplimiento se deriva el orden o el caos. Y la Corte, como debía ser, preservó el orden.

Siempre pensé que el referendo estaba muerto, bien por sentencia negativa o por falta de tiempo. No entendía como se querían sanear los yerros cometidos sin el concurso de quienes lo cometieron. Si el Congreso se equivocó, la ley debió regresársele para su corrección, pero no pretender que se saneara por el simple transcurso del tiempo. Y si se le hubiera devuelto, se agotaba el tiempo para hacer el referendo.

Esta decisión le abre las puertas de la Presidencia de la República a Juan Manuel Santos, de dilatada experiencia política y económica.  Se recuerda que en sus inicios fue representante por nueve años de la Federación Nacional de Cafeteros ante la Organización Internacional del Café. Fue el último Designado que tuvo Colombia, antes de que el cargo fuera cambiado por el de Vicepresidente. Ha ocupado tres distintos ministerios: el de Comercio Exterior en el gobierno de Gaviria; el de Hacienda con Pastrana y el de Defensa con Uribe. En este último cargo le asestó duros golpes a la guerrilla, contribuyendo al programa bandera del gobierno actual, la seguridad democrática.

Su recorrido lo avala como conocedor del país y sus conocimientos económicos lo proyectan como el complemento necesario de la política de pacificación.

Se le considera la piedra en el zapato del presidente Chávez, que no ha ahorrado adjetivos para descalificarlo. Esto es visto como una fortaleza por algunos y una debilidad por otros. Los últimos estiman que se enfriarían aún más las relaciones con el vecino y se incrementarían las acciones hostiles. Los primeros consideran que, probado como está que a Chávez hay que hablarle fuerte, nadie mejor que Santos. No sobra decir que es más fácil firmar un armisticio entre enconados contrincantes que entre rivales pasivos.

El empujoncito final se lo dio de manera simultánea la justicia ecuatoriana, cuando determinó que no había mérito para proseguir la investigación contra él y la cúpula militar colombiana, y dispuso el archivo del expediente, por la incursión armada que terminó con la vida de Raúl Reyes. Le queda a Santos el camino expedito para lanzar su candidatura y empezar una contienda electoral en la que se presagian dos vueltas. ¿Será el próximo Presidente?

¿Los postes de cemento que rodean el monumento de la Pilonera Mayor fueron puestos como tensores o para iluminar la escultura? ¿Son permanentes o transitorios? Como sea, se ven horrorosos.

Columnista
1 marzo, 2010

Santos, ¿Presidente?

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Luis Augusto González Pimienta

MISCELÁNEA Por: Luis Augusto González Pimienta En la noche del jueves pasado, el telenoticiero CMI que dirige Yamid Amat, se apuntó una chiva: anticipó el fallo de la Corte Constitucional sobre la ley que convoca al referendo reeleccionista. Se dijo que iba a ser declarado inexequible, acorde con la ponencia del magistrado Humberto Sierra Porto, […]


MISCELÁNEA

Por: Luis Augusto González Pimienta

En la noche del jueves pasado, el telenoticiero CMI que dirige Yamid Amat, se apuntó una chiva: anticipó el fallo de la Corte Constitucional sobre la ley que convoca al referendo reeleccionista. Se dijo que iba a ser declarado inexequible, acorde con la ponencia del magistrado Humberto Sierra Porto, en una votación 7 a 2, en la que los magistrados Jorge Pretelt y Mauricio González serían derrotados. Y así fue.

No sorprendió esta decisión. Incluso, se veía venir, por cuanto los errores cometidos en el trámite de la ley no eran cosa de poca monta, como sesgadamente conceptuaron algunos, sino verdaderamente relevantes. Distinguidos juristas apoyaron la tesis de la inexequibilidad con base en el estado social de derecho que sirve de marco a todo el andamiaje constitucional. Quienes pensaron distinto lo hicieron más con el corazón que con la razón.  Ante la inexorable realidad de un estado de derecho se quiso anteponer el llamado estado de opinión, de acuerdo con el cual, la voluntad popular está por encima de toda norma. No. En toda sociedad organizada existen reglas de cuyo cumplimiento o incumplimiento se deriva el orden o el caos. Y la Corte, como debía ser, preservó el orden.

Siempre pensé que el referendo estaba muerto, bien por sentencia negativa o por falta de tiempo. No entendía como se querían sanear los yerros cometidos sin el concurso de quienes lo cometieron. Si el Congreso se equivocó, la ley debió regresársele para su corrección, pero no pretender que se saneara por el simple transcurso del tiempo. Y si se le hubiera devuelto, se agotaba el tiempo para hacer el referendo.

Esta decisión le abre las puertas de la Presidencia de la República a Juan Manuel Santos, de dilatada experiencia política y económica.  Se recuerda que en sus inicios fue representante por nueve años de la Federación Nacional de Cafeteros ante la Organización Internacional del Café. Fue el último Designado que tuvo Colombia, antes de que el cargo fuera cambiado por el de Vicepresidente. Ha ocupado tres distintos ministerios: el de Comercio Exterior en el gobierno de Gaviria; el de Hacienda con Pastrana y el de Defensa con Uribe. En este último cargo le asestó duros golpes a la guerrilla, contribuyendo al programa bandera del gobierno actual, la seguridad democrática.

Su recorrido lo avala como conocedor del país y sus conocimientos económicos lo proyectan como el complemento necesario de la política de pacificación.

Se le considera la piedra en el zapato del presidente Chávez, que no ha ahorrado adjetivos para descalificarlo. Esto es visto como una fortaleza por algunos y una debilidad por otros. Los últimos estiman que se enfriarían aún más las relaciones con el vecino y se incrementarían las acciones hostiles. Los primeros consideran que, probado como está que a Chávez hay que hablarle fuerte, nadie mejor que Santos. No sobra decir que es más fácil firmar un armisticio entre enconados contrincantes que entre rivales pasivos.

El empujoncito final se lo dio de manera simultánea la justicia ecuatoriana, cuando determinó que no había mérito para proseguir la investigación contra él y la cúpula militar colombiana, y dispuso el archivo del expediente, por la incursión armada que terminó con la vida de Raúl Reyes. Le queda a Santos el camino expedito para lanzar su candidatura y empezar una contienda electoral en la que se presagian dos vueltas. ¿Será el próximo Presidente?

¿Los postes de cemento que rodean el monumento de la Pilonera Mayor fueron puestos como tensores o para iluminar la escultura? ¿Son permanentes o transitorios? Como sea, se ven horrorosos.