Levantarse más cansado que al acostarse, sentir pesadez en las piernas, sentir irritación por todo y hasta abrir los ojos da pereza, pueden convertirse en cansancio acumulado o agotamiento. Aquí también contribuyen factores como el sol intenso, el tráfico, el trabajo, las cuentas y la vida que no se detiene, que llevan a convertirse en un zombie aunque se duerman las ocho horas diarias.
Muchos suelen confundir agotamiento con fatiga pero no es lo mismo, la fatiga es el cansancio normal del día a día, por trabajar duro, dormir poco o el sol templado del mediodía, pero con descanso agua y buena comida se quita rápido.
Por otro lado, el agotamiento es mucho más serio, es un cansancio físico mental y emocional que no se pasa aunque duermas todo el fin de semana. Genera problemas de sueño, malestar estomacal, tensión muscular, afecta la mente con dificultad para concentrarse, desmotivación, incluso te hace cínico y sarcástico. Se vuelve más complejo cuando llega la irritabilidad, sentirse insuficiente, ansioso, sentirse vacío, sin ganas de nada, como si ya no pudieras más. Esto no mejora solo con descansar, necesita cambios reales en la rutina, el trabajo y la forma de vivir.











