De acuerdo a expertos, desde el punto de vista psicológico y emocional, muchas adolescentes no están preparadas para quedar en estado de embarazo debido a que esto implica cambios drásticos en sus vidas; y, en el ámbito económico y educativo, la mayoría de las madres que resultan embarazadas antes de los 18 años de edad, no han finalizado sus estudios secundarios, por lo que difícilmente van a encontrar un trabajo rentable, aumentando de esta manera el índice de informalidad y desempleo, conforme lo sustenta Cesore.
“A los 18 años de edad tuve mi primer hijo, vivía con mis papás y fueron ellos quienes me ayudaron a criarlo y cuidarlo. Pasaron exactamente 4 años y tuve un segundo hijo, en esta ocasión, una niña, me fui a vivir con el papá de ella y después nació una tercera hija. Por cosas de la vida volví a casa de mis padres con mis 3 hijos y actualmente estoy sin trabajo formal. Mis padres insistieron en que estudiara pero no les hice caso”, relató Kellys Gutiérrez, una ciudadana de 31 años.
Camilo Andrés Muñoz, gerente de Educación y Juventud de Profamilia, mencionó que estas cifras de embarazos tempranos van milimétricamente ligados a los índices de pobreza. “Cerca del 80% de las mujeres que quedan en embarazos no deseados se retiran de sus estudios y eso hace que la espiral de la pobreza no se rompa. También hay una estadística que manifiesta que hay una gran probabilidad de que las mujeres adolescentes que quedaron embarazadas bajo esas condiciones vuelvan a quedar en ese estado”.











