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Columnista - 25 febrero, 2010

Primero los miembros del Congreso

Algo sobre Por: José Romero Churio La opinión generalizada es que el funcionamiento de nuestro país, además de deficiente es corrupto. También hay unanimidad sobre el origen de esta situación; sin embargo, la ciudadanía común y corriente, la que más sufre por tal circunstancia, no tiene voluntad o no pone empeño en corregirla, ya que […]

Algo sobre

Por: José Romero Churio

La opinión generalizada es que el funcionamiento de nuestro país, además de deficiente es corrupto. También hay unanimidad sobre el origen de esta situación; sin embargo, la ciudadanía común y corriente, la que más sufre por tal circunstancia, no tiene voluntad o no pone empeño en corregirla, ya que en  los debates para elegir a las personas que desempeñan las funciones públicas, prefieren vender el voto a los politiqueros, en vez de votar voluntariamente por los candidatos más idóneos para ocupar los puestos de elección popular; es decir, venden el poder, de cuyo manejo, depende el bienestar de toda la gente del país y de sus regiones.
Lo más triste es que la clase popular se disculpa argumentando, que por la pobreza  vende el voto al mejor postor, que al menos en épocas de campañas electorales le palia algunas necesidades que el gobierno es incapaz de suministrarlas.
Aunque el gobierno debe proporcionar las necesidades básicas a la población más necesitada. La anterior argumentación no es justificación para que ninguna persona por muy pobre que sea renuncie al legado que le otorga la Constitución Política y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, más bien debe defenderlos con la dignidad que requiere el espíritu de superación.
No desconozco las dificultades que padecen los pobres, pues como médico las observo diariamente. No obstante, reitero que deben superarse con decoro y sin recurrir a la violencia, que solamente depara rencores y peligros mayores, incluyendo la pérdida de la vida lo más preciado de todo ser humano normal.
A pesar de la desconfianza que causan los políticos, no todos son proclives a la corrupción introducida a nuestro régimen político. Aún en el país hay gente sana y altruista, dispuesta a luchar por el bienestar de todos sin contaminarse de la politiquería. Sus trayectorias  y actuaciones lo acreditan, no los discursos ni la ostentación de dinero y mucho menos de aquellos que no son ricos.
Lamentablemente, en Colombia, la política es sinónimo de engaño, aun cuando el buen político debe ser sagaz, pero jamás pícaro mentiroso, de lo contrario es un comerciante   arribista, cuya presencia en cualquier cargo público pone en peligro  el erario que le corresponda su manejo.
Ojo ciudadanos, a los candidatos hay que examinarlos con lupa. No se olvide que hay muchos lobos disfrazados de oveja.
Si queremos cambiar la vergonzosa imagen del país, el próximo 14 de marzo, tenemos que votar por los mejores candidatos. Entre los que quieren repetir hay pocos calificados y entre los nuevos aspirantes hay muchos que no reflejan buenas intenciones. Pero ahí también están los sanos. Lo importante es analizar detenidamente sus hojas de vida para no votar por la persona que no testifica los méritos suficientes.
Mi candidato al Senado, no me canso de repetirlo, es el médico Stevenson Marulanda Plata. Hombre sano, Identificado con el número 9 en el tarjetón electoral, avalado por el movimiento político Compromiso Ciudadano por Colombia, liderado por Sergio Fajardo, candidato para el próximo periodo presidencial.

Columnista
25 febrero, 2010

Primero los miembros del Congreso

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
José Romero Churio

Algo sobre Por: José Romero Churio La opinión generalizada es que el funcionamiento de nuestro país, además de deficiente es corrupto. También hay unanimidad sobre el origen de esta situación; sin embargo, la ciudadanía común y corriente, la que más sufre por tal circunstancia, no tiene voluntad o no pone empeño en corregirla, ya que […]


Algo sobre

Por: José Romero Churio

La opinión generalizada es que el funcionamiento de nuestro país, además de deficiente es corrupto. También hay unanimidad sobre el origen de esta situación; sin embargo, la ciudadanía común y corriente, la que más sufre por tal circunstancia, no tiene voluntad o no pone empeño en corregirla, ya que en  los debates para elegir a las personas que desempeñan las funciones públicas, prefieren vender el voto a los politiqueros, en vez de votar voluntariamente por los candidatos más idóneos para ocupar los puestos de elección popular; es decir, venden el poder, de cuyo manejo, depende el bienestar de toda la gente del país y de sus regiones.
Lo más triste es que la clase popular se disculpa argumentando, que por la pobreza  vende el voto al mejor postor, que al menos en épocas de campañas electorales le palia algunas necesidades que el gobierno es incapaz de suministrarlas.
Aunque el gobierno debe proporcionar las necesidades básicas a la población más necesitada. La anterior argumentación no es justificación para que ninguna persona por muy pobre que sea renuncie al legado que le otorga la Constitución Política y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, más bien debe defenderlos con la dignidad que requiere el espíritu de superación.
No desconozco las dificultades que padecen los pobres, pues como médico las observo diariamente. No obstante, reitero que deben superarse con decoro y sin recurrir a la violencia, que solamente depara rencores y peligros mayores, incluyendo la pérdida de la vida lo más preciado de todo ser humano normal.
A pesar de la desconfianza que causan los políticos, no todos son proclives a la corrupción introducida a nuestro régimen político. Aún en el país hay gente sana y altruista, dispuesta a luchar por el bienestar de todos sin contaminarse de la politiquería. Sus trayectorias  y actuaciones lo acreditan, no los discursos ni la ostentación de dinero y mucho menos de aquellos que no son ricos.
Lamentablemente, en Colombia, la política es sinónimo de engaño, aun cuando el buen político debe ser sagaz, pero jamás pícaro mentiroso, de lo contrario es un comerciante   arribista, cuya presencia en cualquier cargo público pone en peligro  el erario que le corresponda su manejo.
Ojo ciudadanos, a los candidatos hay que examinarlos con lupa. No se olvide que hay muchos lobos disfrazados de oveja.
Si queremos cambiar la vergonzosa imagen del país, el próximo 14 de marzo, tenemos que votar por los mejores candidatos. Entre los que quieren repetir hay pocos calificados y entre los nuevos aspirantes hay muchos que no reflejan buenas intenciones. Pero ahí también están los sanos. Lo importante es analizar detenidamente sus hojas de vida para no votar por la persona que no testifica los méritos suficientes.
Mi candidato al Senado, no me canso de repetirlo, es el médico Stevenson Marulanda Plata. Hombre sano, Identificado con el número 9 en el tarjetón electoral, avalado por el movimiento político Compromiso Ciudadano por Colombia, liderado por Sergio Fajardo, candidato para el próximo periodo presidencial.