A pocos días de realizarse las elecciones presidenciales en Venezuela, para cubrir el período constitucional de 2025 – 2031, crece la incertidumbre acerca de si el gobierno que encabeza Nicolás Maduro aceptará una derrota electoral como lo proyectan todas las encuestas y que, además, estaría o no dispuesto a facilitar la constitucional alternancia y transmisión de mando, al nuevo comandante en jefe electo en los comicios del próximo 28 de Julio.
Quienes dudan que tal cosa ocurra, esgrimen fundamentadas reservas, en atención a la capacidad de maniobra y antecedentes antidemocráticos, mostrados por la cúpula gobernante, con claros matices autoritarios y con sueños delirantes, de perpetuarse en el poder, de espaldas al mayoritario rechazo de la sociedad venezolana, hastiado de tanta destrucción económica que ha traído la ruina y miseria a los hogares venezolanos, el temor de aumentar la emigración de miles de compatriotas, fundamentalmente jóvenes que, no ven posibilidades de superación y realización de sus sueños en Venezuela, en medio de la permanente división y conflicto político, irrespeto a los derechos ciudadanos, laborales y los bajos salarios, los peores de toda América.











