Quienes resultaron elegidos como Congresistas, bien sea Senador de la República o Representante a la Cámara, el domingo 13 de marzo, tienen una grandísima responsabilidad con el pueblo colombiano, con sus regiones y – principalmente- con la gente más pobre de las zonas más apartadas y abandonadas de nuestro país. Contrario a lo que se considera, que nuestro sistema político es excesivamente presidencialista, lo cierto es que, a la luz de lo establecido en la Constitución Política de 1991, el Gobierno nacional, el ejecutivo, requiere contar con unas mayorías en el Congreso, a la hora de gobernar.
EL PODER DEL CONGRESO
Resulta que los Constituyentes de 1991, en su leal saber y entender, le dieron al Congreso de la República un poder inmenso, que a veces no visualiza muy bien el ciudadano común y corriente. Ese poder se puede resumir en tres grandes tareas: hacer las leyes, hacerle control político al gobierno y reformar la misma constitución. Esto sin desconocer otras funciones de carácter judicial, administrativa y electoral, que la misma carta le atribuye a los honorables congresistas; por ejemplo: elegir contralor general de la república, procurador general, defensor del pueblo y fiscal general de la nación. Nada más, ni nada menos.











