Aunque el cese al fuego bilateral y definitivo no es el último paso del proceso de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc, si es el hecho más trascendental desde el punto de vista histórico y social, si se tiene en cuenta que desde hace más de 50 años los fusiles no han dejado de sonar.
Más de siete millones de víctimas ha dejado uno de los periodos más sangrientos que ha vivido el país, por lo cual la firma del cese de las hostilidades, simboliza una muestra de confianza entre las partes, que deciden bajar las armas y comienzan a dar pasos hacia una etapa de postconflicto.
Hay que hacer claridad que lo que finaliza es la confrontación armada y por consiguiente el cese al fuego es el fin de la guerra, pero no el comienzo de la paz, entendiendo que la paz no se decreta, ni se firma, sino que se construye con acciones que faciliten su desarrollo.











