Si algún gobernante latinoamericano ha ocupado titulares en el mundo en los últimos años ha sido Nayib Bukele Ortez, el político con imagen de ‘millennials’ y de dictador ‘cool’ que este 1 de junio inició su segundo mandato como presidente de El Salvador al cambiar la normatividad que impedía la reelección. Hijo de un acaudalado empresario palestino, Nayib tiene experiencia en publicidad y marketing político, aunque no alcanzó a terminar sus estudios universitarios. Ha pasado por todas las líneas ideológicas de su país. Se inició como miembro del equivalente salvadoreño al M19 o las Farc, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), guerrilla que tras desmovilizarse se convirtió en partido político.
Bukele, quien se reconocía como de “extrema izquierda”, luego pasó al centro izquierda con el partido Cambio Democrático y terminó en la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) de derecha. Hoy, los analistas políticos lo perfilan como uno de los máximos representantes de la extrema derecha en el continente.
Bukele goza de amplio respaldo de los votantes de su país. Su bandera ha sido la lucha frontal contra las bandas criminales y pandillas, llegando a cifras apreciables de reducción de delitos a través de la construcción de cárceles de alta seguridad y su famoso “Plan control territorial”. Los éxitos estadísticos y de percepción ciudadana de esta política le ha rendido tantos réditos a Bukele que hoy, muchos políticos de derecha ven en él un modelo a emular y así recibir el respaldo en las urnas.










