Las discusiones por política no son de ahora, pues desde la antigüedad los letrados y otros que querían serlo, creyentes y defensores de la libertad de un pueblo con derechos, se enfrentaban en las plazas públicas argumentando las posiciones e ideologías que creían ser las mejores y las que deberían ser implementadas y acogidas por los demás, es decir, el pueblo.
Un pueblo siempre sumiso, convencido que la democracia era su gobierno, creado por ellos y para beneficio de ellos. Qué ilusos seguimos siendo.
A pesar del paso de los siglos, la ambición y la mala práctica en la política siguen imperantes en un pueblo, que mutilado en sus derechos a pesar de existir cientos de leyes que se ufanan de defenderlos, se ahoga en la miseria y en la impotencia ante el desdén de sus gobernantes.











