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Columnista - 21 octubre, 2022

Petro y la catástrofe soñada

El pasado miércoles se publicó la encuesta Invamer Poll. Después de tres meses en el poder, la imagen favorable del presidente cayó al 46%. A decir verdad, pensé que a Petro le iría peor. La mayoría de medios, columnistas y panelistas fungen como sus contradictores, situación que es legítima en cualquier sociedad democrática. Pocas figuras […]

El pasado miércoles se publicó la encuesta Invamer Poll. Después de tres meses en el poder, la imagen favorable del presidente cayó al 46%. A decir verdad, pensé que a Petro le iría peor. La mayoría de medios, columnistas y panelistas fungen como sus contradictores, situación que es legítima en cualquier sociedad democrática. Pocas figuras mediáticas y creíbles defienden con entereza su labor, quizás es un caso sin precedente en Colombia. El espectador, Cambio y Noticias Uno conservan una línea editorial independiente, están lejos de desempeñar el rol que cumplían Semana con Santos y RCN con Duque.
Asimismo, muchos opositores, ansiosos por recuperar el poder o nublados por la rabia, están formando una bola de nieve con un discurso catastrófico y efectista, como Uribe durante el mandato de Santos y el mismo Petro frente a Duque. “Tanto daño en poco tiempo”, dice Fico Gutiérrez. “Ya es claro que va generar un desempleo y una pobreza inimaginadas”, corrobora Enrique Peñaloza. Por supuesto, los errores de Petro y las contradicciones de su gabinete también ayudan a revolver el río. A veces les hace falta más sentido común, pragmatismo, audacia. Por eso no me extrañaría que el pesimismo siga creciendo y las próximas marchas contra el gobierno sean masivas.


Ahora bien, en este contexto donde nuevamente la emoción ensombrece al raciocinio, vale la pena preguntarse: ¿de verdad Petro va tan mal como muchos dicen?, ¿nada positivo ha pasado durante estos tres primeros meses?, ¿se acabará nuestra democracia y economía? Hasta el momento Petro lidera un gobierno de izquierda moderada. Sigue una corriente de pensamiento socialdemócrata con elementos liberales en lo moral y social. Distante del comunismo y socialismo. Opuesto a Chávez, Maduro y Ortega. Menos impositivo que Evo y Correa. Más moderno que Pedro Castillo y AMLO. Incluso esto se ve reflejado en la composición plural de su gabinete, que tiene miembros sensatos que eluden el radicalismo: José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria, Cecilia López, Néstor Osuna, Germán Umaña Mendoza, entre otros.
A pesar del corto tiempo que lleva en la presidencia, Petro ha mostrado algunos aciertos y avances: reapertura de la frontera con Venezuela, dinero para condonar los créditos ICETEX de 800 jóvenes, pacto para reducir las tarifas de energía eléctrica, diálogos de paz con diferentes grupos ilegales, apoyo de Estados Unidos a su enfoque en la lucha contra el narcotráfico y acuerdos con FEDEGAN, sector gas y moteros.


Sin embargo, muchas personas no reconocen las cosas buenas del gobierno. Esto me resulta apenas natural en el marco de una democracia, confieso que me pasó igual con Uribe y Duque. Por eso no voy a criticar a los ciudadanos que tienen esa actitud, es su libre albedrio y sentir. Claro, otra cosa son los políticos que están en la oposición, la mayoría de ellos le apuestan al fracaso de Petro por pura ambición y mezquindad. Le dan más valor a la vanidad que a los argumentos, promueven la desesperanza y sueñan con obtener el poder. Es el juego, la formula que todos han aplicado.


Además, Petro y su ministra de minas no se ayudan. Han convertido la transición energética en un talón de Aquiles. Sus declaraciones son inoportunas, confusas. Pretenden forzar una transformación, que es necesaria e inaplazable, sin un plan estratégico y excluyendo a los empresarios del sector minero. En parte, no en todo, pues hay factores internacionales que influyen más, la subida del dólar es gracias a esto. Petro debe reaccionar ya, solo su liderazgo puede cambiar este panorama desalentador. Tiene que apaciguar su temperamento, mejorar las comunicaciones y darle manejo al establecimiento que no desea tumbarlo, pero si verlo fracasar. El diálogo y los acuerdos, ahora más que nunca, son el camino.

Columnista
21 octubre, 2022

Petro y la catástrofe soñada

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Carlos Cesar Silva

El pasado miércoles se publicó la encuesta Invamer Poll. Después de tres meses en el poder, la imagen favorable del presidente cayó al 46%. A decir verdad, pensé que a Petro le iría peor. La mayoría de medios, columnistas y panelistas fungen como sus contradictores, situación que es legítima en cualquier sociedad democrática. Pocas figuras […]


El pasado miércoles se publicó la encuesta Invamer Poll. Después de tres meses en el poder, la imagen favorable del presidente cayó al 46%. A decir verdad, pensé que a Petro le iría peor. La mayoría de medios, columnistas y panelistas fungen como sus contradictores, situación que es legítima en cualquier sociedad democrática. Pocas figuras mediáticas y creíbles defienden con entereza su labor, quizás es un caso sin precedente en Colombia. El espectador, Cambio y Noticias Uno conservan una línea editorial independiente, están lejos de desempeñar el rol que cumplían Semana con Santos y RCN con Duque.
Asimismo, muchos opositores, ansiosos por recuperar el poder o nublados por la rabia, están formando una bola de nieve con un discurso catastrófico y efectista, como Uribe durante el mandato de Santos y el mismo Petro frente a Duque. “Tanto daño en poco tiempo”, dice Fico Gutiérrez. “Ya es claro que va generar un desempleo y una pobreza inimaginadas”, corrobora Enrique Peñaloza. Por supuesto, los errores de Petro y las contradicciones de su gabinete también ayudan a revolver el río. A veces les hace falta más sentido común, pragmatismo, audacia. Por eso no me extrañaría que el pesimismo siga creciendo y las próximas marchas contra el gobierno sean masivas.


Ahora bien, en este contexto donde nuevamente la emoción ensombrece al raciocinio, vale la pena preguntarse: ¿de verdad Petro va tan mal como muchos dicen?, ¿nada positivo ha pasado durante estos tres primeros meses?, ¿se acabará nuestra democracia y economía? Hasta el momento Petro lidera un gobierno de izquierda moderada. Sigue una corriente de pensamiento socialdemócrata con elementos liberales en lo moral y social. Distante del comunismo y socialismo. Opuesto a Chávez, Maduro y Ortega. Menos impositivo que Evo y Correa. Más moderno que Pedro Castillo y AMLO. Incluso esto se ve reflejado en la composición plural de su gabinete, que tiene miembros sensatos que eluden el radicalismo: José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria, Cecilia López, Néstor Osuna, Germán Umaña Mendoza, entre otros.
A pesar del corto tiempo que lleva en la presidencia, Petro ha mostrado algunos aciertos y avances: reapertura de la frontera con Venezuela, dinero para condonar los créditos ICETEX de 800 jóvenes, pacto para reducir las tarifas de energía eléctrica, diálogos de paz con diferentes grupos ilegales, apoyo de Estados Unidos a su enfoque en la lucha contra el narcotráfico y acuerdos con FEDEGAN, sector gas y moteros.


Sin embargo, muchas personas no reconocen las cosas buenas del gobierno. Esto me resulta apenas natural en el marco de una democracia, confieso que me pasó igual con Uribe y Duque. Por eso no voy a criticar a los ciudadanos que tienen esa actitud, es su libre albedrio y sentir. Claro, otra cosa son los políticos que están en la oposición, la mayoría de ellos le apuestan al fracaso de Petro por pura ambición y mezquindad. Le dan más valor a la vanidad que a los argumentos, promueven la desesperanza y sueñan con obtener el poder. Es el juego, la formula que todos han aplicado.


Además, Petro y su ministra de minas no se ayudan. Han convertido la transición energética en un talón de Aquiles. Sus declaraciones son inoportunas, confusas. Pretenden forzar una transformación, que es necesaria e inaplazable, sin un plan estratégico y excluyendo a los empresarios del sector minero. En parte, no en todo, pues hay factores internacionales que influyen más, la subida del dólar es gracias a esto. Petro debe reaccionar ya, solo su liderazgo puede cambiar este panorama desalentador. Tiene que apaciguar su temperamento, mejorar las comunicaciones y darle manejo al establecimiento que no desea tumbarlo, pero si verlo fracasar. El diálogo y los acuerdos, ahora más que nunca, son el camino.