2 agosto, 2021

Pepe Mujica

Cada vez que me enfrento a la circunstancia de elegir me hago algunas reflexiones buscando un modelo que por similitud me señale el camino y por eso me pregunto cómo debe ser el candidato, su perfil, que dentro de la política colombiana ejerza como guía o arquetipo. He buscado y hasta ahora me ha llamado […]

Cada vez que me enfrento a la circunstancia de elegir me hago algunas reflexiones buscando un modelo que por similitud me señale el camino y por eso me pregunto cómo debe ser el candidato, su perfil, que dentro de la política colombiana ejerza como guía o arquetipo.

He buscado y hasta ahora me ha llamado la atención un ciudadano uruguayo al cual se debería tener en cuenta para parecerse. A veces suena algo exótico pero en el balance termina teniendo mucho de lo  que creo necesitamos.

Si bien es un socialista conoce las limitaciones de ese sistema aplicadas al conjunto del desarrollo económico y concluye que lo importante es cubrir necesidades y si quien lo hace es la empresa privada, pues bienvenida sea.

Por eso quiero escribir sobre Pepe Mujica por el efecto de contraste que produce y además porque me parece un personaje digno de admiración, pero sobre todo por un rasgo sobresaliente de su recia, pero tranquila personalidad: la humildad; ajeno a los lujos, a la parafernalia del poder y quiero creer que a sus vicios.

Ejerció su mandato con tino y prudencia y en ese gobierno prevaleció por encima de todo la justicia social, sin descuidar la economía, que creció como las que más en América Latina y hasta donde sé, cero escándalos por contratación pública. Este personaje finalizado su mandato como presidente de la República Oriental del Uruguay, el día de la entrega del mando, como suele hacerlo cotidianamente, trabajó al mando de su tractor en su fundo rural, chacra, le dicen allá. Se negó a abandonar su viejo automóvil escarabajo Volkswagen (cucaracha le dijimos hace años) e hizo y hará filas, o “colas”, en los centros de asistencia médica.

Me imagino que no tendrá ni cuenta corriente y de pronto ni de ahorros, su congruo presupuesto integrado básicamente por una mínima porción de su jugoso sueldo como presidente de la república, el resto lo dedica a proyectos de ayuda contra la pobreza. Su expresión, “tenemos que vivir como vive la mayoría, y no como vive la minoría”, es un hermoso mensaje.  Claro se trata es de emparejar pero por lo alto.

                                                                                                                    Una de sus más destacadas frases pregona: “A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política porque son un peligro”, y entonces me he imaginado a Pepe Mujica en Colombia, en el Cesar y lo veo haciendo como Condorito: ¡Plop! Este hombre se hubiera pegado un tiro si en lugar del Uruguay la vida lo hubiera ubicado entre nosotros. Quienes aspiren a gobernarnos deberían jurar tratar de parecerse a José Alberto Mujica Cordano,  pues Pepe Mujica es un espejo en el que debemos vernos: un ser tranquilo, tolerante, respetuoso de las ideas ajenas, honesto, eficiente, humilde, con ideas de avanzada y algo malo debe tener, pero… ¿quién no?

Soñar no cuesta nada.